Grandes y pequeñas, de acuerdo con el bolsillo de la gente, las mesas o mast’akus fueron armadas ayer en Cochabamba para recibir a las almas de sus seres queridos, tradición que perdura a pesar de las limitaciones económicas de algunos sectores de la población.
Con la comida que más le gustaba al difunto y la bebida de su preferencia fueron recibidas las almas de quienes, según reza la tradición, regresan una vez al año.
Los altares no sólo se vieron en las viviendas, sino también en la vía pública. Los denominados “polillas”, por ejemplo, que deambulan por la plaza San Sebastián, se reunieron en torno a una mesa pequeña. “Hemos puesto nuestra mesa para las almas de nuestros compañeros que ya no están con nosotros. Vivimos con carencias, pero no nos olvidamos de nuestros amigos, a quienes rezamos”, contó uno de ellos.