Ubicada en pleno centro de la ciudad de La Paz, la casona que en su época sirvió de tambo y albergue de campesinos, hoy resucita con la ayuda de los profesionales de la restauración. Un tapado escondido y la presencia de un misterioso personaje ya alimentan el mito.
Texto: Wilma Pérez Soliz Fotos: Miguel Carrasco
La diminuta figura de una anciana observa los tropezones que da, en medio de la construcción, el maestro Alfonso Mamani. La escasa luz que entra por los ventanales refleja el rostro de una mujer de pollera y un escalofrío recorre el cuerpo del albañil que, en cuestión de unos segundos, abandona la vetusta casona colonial paceña.
La figura de la anciana, los pasos y lamentos que se escuchan por la noche, además del hallazgo de un tapado, son algunos de los misterios que envuelven a la casa de la avenida Mariscal Santa Cruz de La Paz, que desde hace cuatro años pasa por un proceso de restauración promovido por un grupo de profesionales expertos y más de 30 obreros. El objetivo, que está a punto de hacerse realidad, es convertir a la vieja casa en un hotel de cinco estrellas.
La música de la radio y el grito de algún voceador que se filtra por las paredes del día, espantaron a los fantasmas que dejaron los lamentos y apariciones para una que otra jornada. “Algunas noches se escuchaba abrir las puertas, pasos en las gradas, pisadas en la madera y hasta vi alguna sombra”, relata Ramiro Veizaga, portero y cuidador de la casa de origen colonial.
Construida en el siglo XVI, en la entonces calle El Recreo, la casona fue espacio para actividades propias de la Colonia, cobijando a los indígenas que llegaban con sus cargas desde el altiplano o los valles y funcionaba como tambo, como albergue de caballos y toros de pelea, estos últimos traídos desde Lima (Perú) para los eventos que se realizaban en las zonas de San Pedro y San Sebastián, según relata el arquitecto y especialista en restaurar predios patrimoniales, Johnny Ledezma.
Después de cuatro siglos, en 1910, fue modificada para dar paso a la nueva avenida Mariscal Santa Cruz. Casi vecina de la iglesia de San Francisco, la infraestructura no soportó el paso de los años, por lo que su supervivencia al siglo XXI casi fue desahuciada.
El techo de paja, casi desaparecido, dejó filtrar el agua de las lluvias que se ensañaron con las gruesas paredes de tierra y que estaban a punto de caer.
“La etapa más difícil fue cuando observé que todo estaba por caerse. No podíamos andar por los pisos y casi me escapo porque no veía cómo podíamos recuperar el edificio”, cuenta Mamani.
El regalo de otros tiempos
El edificio de cuatro pisos que lució orgulloso su infraestructura durante siglos, para el 2004 parecía sólo una vetusta casa que ponía en peligro la vida de los peatones que circulaban por el corazón paceño. Incluso hubo una autorización de la Alcaldía de La Paz para demoler la casa colonial y acabar con su historia.
Sin embargo, la familia Maldonado decidió darle una oportunidad más al edificio y lo compró. Aunque al principio la idea era demolerlo, la suerte del inmueble cambió con el diagnóstico emitido por los expertos y se delegó la tarea de seguimiento de la obra al primogénito, Víctor.
“Hicimos la proyección para otro rubro, pero a medida que se fueron descubriendo las piezas y la arquitectura original, todos en mi familia nos enamoramos de la casa y cuando el arquitecto nos sugirió que fuese un hotel, conservando todos sus detalles de la época colonial, inmediatamente aceptamos”, dice Víctor.
Con una fuerte inversión económica de la familia Maldonado, liderada por Felipe y sus cuatro hijos (Víctor, Javier, Willy y Miriam), se inició el 2004 la restauración de la casona. Para ello contrataron los servicios de los arquitectos Ledezma y Shirley Pati Balboa. Conforme pasaban los meses, el monto aumentaba.
A la fecha, la restauración del edificio ya demandó a la familia una inversión de aproximadamente un millón de dólares, y todavía tendrán que financiar la compra de muebles de la época, el menaje de cocina y el decorado de todo el edificio.
Sin embargo, la casa no dejó sola a la familia. Como recompensa a su dedicación, un día les entregó su tesoro: un tapado que fue encontrado por accidente.
Víctor rememora. Un anterior cuidador acudió a la llamada de la puerta y para acortar el camino saltó de una saliente a la grada y ésta se hundió, dejando al descubierto una tapa de piedra.
En el interior del escondite, que estaba a unos tres metros de profundidad del suelo, se encontró monturas, cuadros, relicarios, imágenes, monedas. Para conservarlos, el arquitecto Ledezma diseñó un ambiente que será el museo del hotel y donde se expondrá lo encontrado, al igual que fotos de la vieja casona.
Reciclando la Colonia
El diagnóstico de los expertos sobre la estructura permitió establecer que la casona conservaba los materiales de la época y había la posibilidad de rescatar parte del patrimonio. Así empezó la tarea de reciclar la madera de los techos, cerámica, piedra y algunas columnas de ladrillos.
Una gran llave de madera se destaca en un muro interior de la construcción colonial. Antes, las paredes de las casonas eran atravesadas por un madero que tenía la función de sujetar la infraestructura por si aparecían grietas o para dar mayor estabilidad en caso de sismos.
También se conservaron los pilares de piedra y ladrillo gambote, que en su momento sirvieron de machones para ahuecar las anchas paredes, de donde salieron 120 toneladas de tierra.
El techo, que era de paja, lo sostenían travesaños de madera, amarrados por cuerdas de cuero de llama. También fue restaurado y hoy se lo luce en algunos cuartos. La cereza en la torta: la restauración de la torre de una capilla, que se encontraba en el interior de la casona. Ese elemento hoy une un nivel con el otro, además, al estar en la terraza, muestra la fusión de los años de la Colonia con el siglo XXI.
El hotel de cinco estrellas
Desde diciembre, las calles Sagárnaga, Illampu y Murillo, aledañas a la avenida Mariscal Santa Cruz, serán engalanadas con la entrega de un nuevo hotel que apunta a ser de cinco estrellas, aunque el nombre aún está en debate. Los dueños sueñan con que sea de los mejores de Bolivia.
Las 28 habitaciones —dos suites presidenciales, tres simples, 14 dobles y nueve matrimoniales—, el comedor, la sala de estar, dos patios, la sala de eventos y otras dependencias tendrán gas natural para que los turistas no sufran por las frías noches paceñas.
Y desde la terraza, que estará llena de plantas, saldrán globos aerostáticos que se elevarán hasta la altura del edificio Hansa para que los turistas puedan tomar fotos del centro de La Paz.
A decir del padre de los Maldonado, la familia es una de las pocas que apuesta por el turismo y, a pesar de encontrar obstáculos como el asentamiento de los comerciantes en la acera de la casona, tiene la esperanza de que la Alcaldía le pueda dar una solución. No olvida el apoyo del concejal David Barrientos, quien prometió y cumplió con beneficiar con un descuento en el pago de impuestos a las casas patrimoniales que son restauradas.
La vieja casa de la Colonia está rejuvenecida y a pasos de ser un pequeño palacio. Hoy se levanta orgullosa y pronto estará abierta al público, donde la figura de la viejita, tal vez, pasee tranquila sin asustar a los huéspedes.