Sólo en países donde no hay democracia los periodistas carecen de garantías para trabajar; esto está ocurriendo ahora en Bolivia, bajo la presidencia de Evo Morales. Algo más, se puede afirmar que en el país no sólo se está vulnerando la democracia, sino violando los derechos humanos de las mujeres y los hombres que cubren las noticias en el lugar de los hechos, mediante actos vandálicos de los grupos de choque del Gobierno, al hacerlos víctimas de agresiones físicas y verbales.
El ensañamiento surgió del propio Presidente, cuando dijo públicamente que sus mayores enemigos son los periodistas. Al parecer, su pretensión era que se subordinen a sus delirios de cambio, sin reconocer que más bien es tratado con generosa indulgencia, por sus limitaciones personales y su desconocimiento de lo que es gobernar un país, que no es lo mismo que dirigir un sindicato.
Colmó la medida la actitud irritante que tuvo con un periodista, en una rueda de prensa que se realizaba en el Palacio de Gobierno, al que pretendió humillar exigiéndole que opine sobre los insultos que acababa de proferir. Cuando el periodista se negó a hacerlo, cumpliendo valientemente las normas que exigen el ejercicio de esta profesión, lo ofendió al mostrarlo como: “El periodista que no puede opinar sobre la dignidad de los bolivianos”. Esto fue insólito en el comportamiento de un Jefe de Estado.
Morales parece que ignora que en gran parte del mundo se reconoce al periodismo como el “cuarto poder” del Estado, por la acción fiscalizadora que cumple en torno a los gobiernos, cualquiera sea su matiz político. Sin embargo, debido a que se complejizó el ejercicio de la función pública, en la actualidad se habla de que el rol del periodismo subió de escalón —o escalones— para constituirse, por la fuerza de las circunstancias, en un Contrapoder. Los que detentan el poder creen, cada vez más, que son intocables. Éste tiende a ser el caso del Presidente.
No quisiera dejar de rescatar un párrafo elocuente de la carta que le dirigieron los periodistas de La Razón al Primer Mandatario, para protestar por las agresiones que afrontan, cada vez más frecuentes y graves. Dice: “Nuestra garantía es nuestra profesionalidad, nuestra independencia de pensamiento. El medio en el que nos toca cumplir el trabajo de informar no es el dueño de nuestras ideas. Pero, reiteramos, éstas guían nuestra labor ética y la lucha diaria es poder recoger la información lo más ampliamente posible, tratando de evitar cualquier filtro, cualquier opinión personal que contamine la noticia que publicamos”.
Ante tantos desafueros del oficialismo, propongo la adopción de una medida que haga ver al Gobierno y a la opinión pública internacional que el periodismo en Bolivia está siendo mancillado y que, en respuesta, durante tres días, no publicará ni pronunciará una sola frase referida al Gobierno y sus miembros. A la arrogancia responder con el silencio —el vacío—, que dice mucho más que cientos de palabras.
*Alberto Zuazo N. es periodista.
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