Energía solar, baños composteros y la reutilización del agua forman parte de este centro educativo de las Aldeas Infantiles SOS de Cochabamba.
Texto: Wilma Pérez Soliz Fotos: Miguel Carrasco
La casa ecológica de SOS alberga a 12 personas y está construida con barro y paja. El calefón solar, la cocina de barro que cuece los alimentos con el biogás obtenido a partir de la descomposición de residuos orgánicos o la misma infraestructura elaborada con barro, piedra, paja y otros materiales que no causan daño al medio ambiente resumen la casa ecológica del futuro, que está rodeada de un jardín. No está en otro país: se encuentra en el corazón de Bolivia, Cochabamba.
Alberto Melgar, director del Centro de Formación Técnica en Agroecología de la aldea SOS de la localidad de Tiquipaya, es el impulsor del proyecto que ya dejó su huella en 120 jóvenes egresados, los que ahora aplican la técnica en sus localidades.
Aunque la construcción de la Lak’a Uta (casa de barro) no es una novedad en el centro, puesto que en el altiplano boliviano este tipo de viviendas se levantan desde 1990, la infraestructura es parte del proyecto porque utiliza y recupera el material del lugar, tiene bajo costo y es ecológica. SOS invirtió ocho mil dólares para edificar la infraestructura que está habitada hoy por 12 personas.
Igual de beneficiosa para el medio ambiente es la cocina de Lak’a Uta, que tiene las mismas comodidades de la de un ambiente moderno. La diferencia es que utiliza biogás, que se acumula en una bolsa que cuelga en el techo. “No es gas comprimido, porque no hay presión. En caso de una fuga no es tóxico y no reviste peligro para la gente, simplemente se esparce por el aire”, explica Melgar mientras muestra el recipiente flexible.
El combustible para la cocina se obtiene a partir de la descomposición del material orgánico (estiércol de animales de granja o desechos vegetales) que se transforma en una fosa, ubicada en el patio, de no más de cinco metros de profundidad, que es tapada por encima con un plástico grueso. En el interior se fermenta el excremento y al cabo de algunas horas se produce el gas ecológico que es trasladado a través de una maguera ensamblada a un orificio en el plástico.
El tubo recorre todo el trayecto hasta la cocina y en el techo cuelga una bolsa que se infla al acumular el biogás que está listo para cocer los alimentos. El tamaño de la bóveda de almacenamiento fue diseñado para la cantidad de gente de la casa.
En el mundo, la bioenergía lleva cerca de 70 años de existencia. En Bolivia, específicamente en el altiplano, la tecnología apareció renovada el 2006. Para este año se espera que provea gas y fertilizantes a 200 unidades familiares de la región, informa el director del proyecto Tecnologías en Desarrollo, Oliver Campos, en la página de internet.
Otras áreas ecológicas
El entorno donde se construyó la vivienda ecológica está rodeado de áreas verdes, porque la casa no desperdicia ni una gota del agua que usa, es decir, recicla el líquido de la ducha, lavaderos, la cocina e incluso el orín. Todo desemboca en una laguna artificial biológica, Parikocha, que no se puede ver a simple vista.
“En este sector está la laguna biológica”, comenta Melgar parado sobre grava o piedra menuda. Una variedad de plantas que aguantan la humedad, como lirios, cartuchos, papiros y totoras.
“Todos estos elementos trabajan en la purificación del agua, porque las plantas, en sus raíces, dan asilo a colmenas bacterianas que son las que realizan la purificación”, expresa Melgar.
Después de todo el proceso el agua está lista para usar en la agricultura, pues en la casa hay huertos de verduras, hortalizas y ganado que son para el autoconsumo. El excedente se vende.
Los baños de la vivienda también tienen un tratamiento ecológico: no se usan los inodoros habituales, sino baños secos composteros. dos cámaras se construyeron fuera de la vivienda donde se instalaron los baños; la taza tiene una separación para las orinas y las escretas sólidas. Las últimas caen directo a una red para que se aireen y sequen, mientras que el orín va de un tubo a una cámara de decantación y de ahí a la piscina biológica.
En cuanto a la energía eléctrica, se aprovecha el sol a través de los paneles, los que se ocupan de calentar el agua de la ducha y cubrir otras necesidades diarias.
Una nueva forma de vivir
El Centro de Formación Técnica en Agroecología de la aldea SOS está a minutos de la Aldea de Tiquipaya y tiene un total de 48,6 hectáreas de superficie. A finales de 1989 se inició la construcción del internado, de los establos, talleres y aulas, que se terminaron en julio de 1991. Un mes después comenzó la formación técnica.
“La Casa Ecológica tiene cuatro años de funcionamiento y es parte del centro de formación técnica que funciona desde hace 18 años, pero en los últimos seis años se centró más en una orientación agroecológica que no sólo tiene que ver con el rechazo al cultivo con químicos, sino con vivir de otra manera y sin causar daño al medio ambiente y a nosotros mismos”, analiza Melgar a un grupo de visitantes.
Al centro de formación llegan becarios de varias regiones del país, quienes en dos años se forman en diferentes carreras técnicas y, según sus condiciones, replican lo aprendido. Es el caso de egresados de Achacachi, quienes hicieron biodigestores aprovechando que sus familias tienen ganado, materia prima para este proceso. En total hay 24 sistemas de biogás en esta región.
Otras réplicas están en los valles de Cochabamba donde se implementó la energía solar, el uso de baños composteros y la captación de agua para el riego.
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