En foro espirituoso hablé de Brasiléia y Epitaciolândia, en la euforia al fósforo del fallo de los valientes vocales que ordenaron el traslado a Sucre del Prefecto de Pando, electo en las urnas y defenestrado atropellando la Ley. Son pueblos que albergan entre cincuenta y quinientos asilados bolivianos. El uno fue nombrado por la fusión de Brasil e Hivéia, el árbol de la goma, llamado erróneamente Hevea Brasilensis, como es inexacto que la castaña se llame nuez de Brasil. Epitaciolândia, al otro lado del río Acre cuando ya es solo brasileño, honra a Epitácio da Silva Pessoa (1865-1942), político y magistrado brasileño, presidente de Brasil de 1919 a 1922. Mi médico de cabecera de bar paró en seco mi perorata, acotando que Cobija debería llamarse Epitafiolandia. Aludía a amenazas de un ministro enterrador, que evoca a otro, preso en EEUU, aconsejador de llevar el testamento bajo el brazo.
De vil e indigna tildó el Secretario Adjunto de Asuntos Hemisféricos de EEUU la acusación de que su país, eterna nalga a guasquear por males latinoamericanos, también participó en la masacre de Porvenir. Faltó nomás que el ministro de los epitafios acusara a boinas verdes gringos de la muerte de media docena de boinas rojas chavistas en Pando.
En la misma onda ridícula, flanqueado de foto del Che, el Ministro del Interior exige que EEUU siga financiando la lucha contra las drogas, después de expulsar a la DEA, que proveía servicios de inteligencia de una actividad criminal multinacional.
No es novedad. Ya saltó la revelación presidencial de que una efectiva parte de su arsenal político es adoptar posiciones extremas, para luego ceder y llegar al punto que se definió de entrada como objetivo. Su treta señorea en posiciones triunfalistas rayanas en bravuconería. Alardea un vicepresidente cada día más petulante, que tienen a lo menos cinco años de tranquilidad, antes de que la oposición logre dar a la democracia boliviana una deseable alternabilidad.
Yo no le creo. El narcisismo indigenista de Evo Morales tiene mucho del complejo de los mil años del Reich hitleriano que asoma en su mentor venezolano, más aún cuando su etnocentrismo aprovecha variante de mitos aymaras de nuevo Pachacuti. Nada nuevo. Carlos Palenque apalancó éxito populista en la política paceña con mesianismo similar, aún con lo que se suponía eran dos desventajas: ser k’ara y tener a su lado una versión paceña de emperifolladas argentinas Evita Perón y Cristina Kirchner.
No voy a caer en el pesimismo derrotista de una oposición que parece haberse tragado la propaganda gobiernista. Incapaz de ofrecer alternativas de cambio sí, pero no así, carece de argumentos críticos que socaven supuestos logros del gobierno. Atropello a repudiar es el olímpico desdén con que patean el orden jurídico del país, reforzando mi opinión de que es régimen democrático sólo de dientes para afuera y cuando le conviene.
El estado de sitio en Pando lo prueba. Hasta la sumisa Corte Nacional Electoral exige levantarlo, en vista de plazos legales previos al referendo de enero 2009. Con pose extrema para marear la perdiz, un autocrático Evo niega devolver la vigencia del estado de derecho, necesario para ejercer derechos de voto democrático. Sus adláteres lanzan cacareos abjurando de acatar fallos judiciales desfavorables.
Pando fue copado en planificado golpe gobiernista para descabezar al gobierno prefectural elegido por voto popular, al tiempo que chillaban ¡lobo, lobo, lobo! por un supuesto golpe civil. Como un estuprador que ofrece confites y unta pomada a los moretones de una mujer violada y traumada, hoy la región es colmada de regalos quién sabe si para comprar votos o para que olvide su violento trance. En ese jirón patrio persiste una ocupación militar. Día a día aumentan los confinados, que no son otra cosa que presos políticos.
Sepan la verdad, clama una dama pandina que ayudó a los heridos de las ambulancias que llegaban desde Porvenir a Cobija: “La propaganda del Gobierno decía que venía una marcha pacífica de campesinos. Entonces, ¿por qué tenían cintas amarillas amarradas en sus brazos para reconocerse en la refriega? A las tres de la mañana ya habían matado por la espalda a un ingeniero que trabajaba en Caminos, dejando tres heridos de bala”. Los defensores de Porvenir no estaban pagados, a diferencia de los difuntos encintados, “en cuyos bolsillos se encontraban desde 200 hasta 2.000 bolivianos. Bien entrenados en tácticas militares, ¿por qué disparaban al hospital, a las ambulancias? ¿Cómo es que algunos de esos muertos eran fortachones bien nutridos de casi dos metros de estatura?”. Faltó nomás el parloteo con acento caribeño.
“Todos los heridos que llegaron al hospital contaban la misma historia: Nos sacaron del chaco, nos llevaron a una hacienda, nos dieron de comer y nos dieron armas. ¿Quiénes? ¡Sorpresa!: militares venezolanos y personeros del gobierno masista”. Quizá para matar marimonos que no tuvieran cinta en la cola. Que un argentino graduado de terrorista investigue los hechos luctuosos de Pando es burla desvergonzada. “Por favor pasen este mensaje, ya que cansa el cinismo del Gobierno”.
Deshonra al autor de El Príncipe, tildar de maquiavélico el plan para ocupar Cobija y descabezar a un prefecto elegido en las urnas. La doctrina política de Maquiavelo se basa en la preeminencia de la razón de Estado sobre cualquier otra de carácter moral, pero está lejos de condonar canalladas de proceder con astucia, doblez y perfidia que define al maquiavelismo. Fue con esta última acepción que el ministro de los epitafios urdió la toma de la capital más débil de los departamentos autonómicos, contrarios al centralismo del vástago indigenista del llamado socialismo del siglo 21.
Ahora pretende engrupir al Presidente electo de EEUU con pajaritos preñados. Ni que Obama fuera opama.
*Winston Estremadoiro es antropólogo.
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