Aquí se faenaba la carne de res, de cerdo y cordero para la ciudad de Cochabamba. La labor de hoy es hacer teatro, pintura, fotografía, poesía y video. El sitio fue reconocido por MTV el 2007.
Texto: Jorge Quispe • Fotos: David Gutiérrez
Unos 20 actores de Sucre se deslizan por el Ovejaducto. Un grupo de niños pinta en la Sala de los Cueros y unos jóvenes plantean una exposición fotográfica en la Sala de la Carne Robada.
En Cochabamba, el que era Matadero Municipal se ha convertido en el mARTadero. “Art viene de la palabra ‘arte’, porque este espacio antes era un depósito de chatarra y nosotros lo recuperamos para la cultura”, cuenta Ivette Mercado Zubieta, miembro del Nodo Asociativo para el Desarrollo de las Artes (NADA) que administra el Espacio mARTadero-Vivero de las Artes.
A iniciativa de Mercado, el mARTadero fue inscrito en un concurso mundial que llevó adelante el programa de música MTV y en octubre del 2007 ganó el premio “Lengua Blanca” entre siete mil postulantes como un agente de cambio entre los jóvenes de Cochabamba. El espacio representó a los mejores 26 proyectos de Latinoamérica.
Entre duendes y fantasmas
El matadero empezó su trabajo en 1924, aprovisionando por 69 años de carne de res, de cerdo y de cordero a la ciudad. Ubicado en la esquina de las calles 27 de Agosto y Ladislao Cabrera, aún se sentía el olor a sangre y a cadáveres de animales hasta hace cinco años. Tras 1993, los 2.900 metros cuadrados fueron usados como depósito de chatarra, con placas de coches, bloques de cemento, bancos viejos y lápidas.
Cuando la desolación parecía la única alternativa, se formó NADA, el 2004, el grupo que consiguió que la Alcaldía pueda cederle en comodato por 30 años los ambientes del matadero.
“Tenemos tres metas, primero el espacio para el arte, segundo crear un equipo de gestión cultural y tercero trabajar en redes culturales”, explica Ivette Mercado, coordinadora y socia del directorio que preside Fernando García.
Hoy, los nombres de los ambientes recuerdan al matadero de antaño, pero todo cambió. Pasadas las 9.00, el mARTadero abre sus 13 ambientes. El de la Carne Robada, por ejemplo, se habilitó para la artista Fiona Lovely y su obra Entre tizas y atunes.
A metros, la Sala Visceral invita a un recorrido fotográfico para conocer la historia del matadero. “Después revisamos la Sala del Trozadero para ver que todo ande bien para la proyección de las películas de la noche”, cuenta Jeaneth Arnez Cejas, de 43 años, gestora cultural en el proyecto.
El paseo conduce luego hasta la Sala de Chanchos, donde la artista visual Raquel Schwartz presentó en octubre una pieza de 21 metros por cinco de ancho, tejida con cintas de casetes.
Cerca del mediodía, un grupo de jóvenes copa la Sala de Corderos y la Sala de Mañazos para trabajar en fotografía y video. Es hora de almorzar en el Café Ítaca, que funciona en el antiguo Colgadero de Cueros. La tarde se abre después a los pequeños con el Taller de Libre Expresión para Niños dictado por David Librado.
Y eso no es todo. Pasadas las 16.00, Annick Bergeron coordina el Taller de formARTe y, en otro de los ambientes, el canadiense Hugo Joyal actualiza la página web del espacio. Finalmente, al caer la noche, los amantes de los conciertos pueden quedarse en el patio o la Sala de Suyus, un lugar para los eventos al aire libre.
Uno de los espacios más grandes es la Playa Grande, de 27 metros de largo por 7,60 de ancho, abierto a las muestras escénicas. En este sitio, el año pasado, un grupo de actores de Sucre juró haber oído correr a duendes. “Dicen que además jugaban. Otros cuentan que un fantasma les llamó y posó una mano sobre sus hombros”, cuenta Jeaneth.
Los amigos del planeta
Donde antes habían pequeños charcos de sangre de animales y vísceras, ahora crecen flores. El proyecto Verde Vivo permitió revitalizarlo con plantas. El cuidado del medio ambiente es otra de las prioridades del mARTadero, por eso los niños que asisten a los talleres aprenden a cuidar el planeta. “Tenemos un jardín donde los niños siembran y cuidan la naturaleza”, explica Carmen Copa Quisbert, responsable del área de comunicación y relaciones públicas del mARTadero.
Por eso, ahora llegan golondrinas, picaflores, mariposas y abejas a los jardines que posee el sitio cultural. Aquella naturaleza inspira a 12 jóvenes que aprenden poesía con el chileno Juan Malebrán Peña. “Llegué para activar un corredor literario entre Bolivia y Chile. Llevamos a mi país a la escritora paceña Jessica Freudenthal y llegó acá Marcelo Gómez, que fue premiado en mi país”.
Sin embargo, no todo fue bueno en estos casi cuatro años. “El 2006 tuvimos que cancelar el Concurso Nacional de Arte Contemporáneo (Conart) por el temor de que esto colapsara y el mARTadero estuvo parado unos meses”, cuenta el artista y filósofo Ramiro Garavito Saavedra.
Ese año, pese a que la Alcaldía dio el comodato, unos vecinos de Villa Coronilla cuestionaron el acuerdo y evitaron que se abra este espacio cultural. La lucha movilizó a toda la sociedad.
Hoy la marea pasó y los responsables del espacio se alistan para el 2009 cuando, entre otros, venga a exponer el artista visual mexicano Anuar Elías para presentar sus Explosiciones.