Por la agencia de noticias ABI nos hemos enterado de que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha decidido apalancar al Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno, para revertir los altos índices de pobreza que siguen campeándose en el país, con cifras que son realmente alarmantes: 3,2 millones de habitantes viven en la extrema pobreza, aproximadamente el 27, 7 % de la población. El resto, lo sabemos, vive como puede, ganando un día y dejando de ganar el siguiente, pero, por lo menos, llevando algo de comida al hogar. Esa es la situación, que no es novedosa, porque viene de hace muchos años.
Ahora bien, el Gobierno debería aferrarse con uñas y dientes al ofrecimiento de colaboración que ha hecho el BID, a través de su vicepresidente, Santiago Levy. Y afirmamos esto porque ya se ha tornado algo común que Bolivia desestime la inversión extranjera y hasta la ayuda externa no reembolsable, bajo el pretexto de que este “nuevo” país no puede aceptar cooperación condicionada porque eso mella su dignidad y su soberanía.
Entre eso de la dignidad y la soberanía vamos a morir ladrando de hambre. ¿Qué significa que no se quiera recibir una ayuda condicionada? Pues, al parecer, se quiere recibir dinero contante y sonante (como el que otorga Venezuela) y no promover programas conjuntos con las entidades que van a dar los recursos. Eso no se ve en ningún lugar del mundo. La cooperación internacional está amarrada a ciertas condiciones para que el dinero no se malgaste, para que no se malverse, para que los recursos no se desvíen y vayan a parar a los bolsillos de funcionarios públicos o a las cajas del partido en el poder, en vez de cumplir para lo que ha sido destinado.
Si el BID está dispuesto —como afirma ABI— a grandes inversiones en los municipios, tanto en infraestructura básica como en actividades productivas, no se puede salir por peteneras diciendo que esa cooperación está condicionada y que no se la puede aceptar porque afecta a la soberanía y la dignidad de los bolivianos. ¿Pero de qué soberanía y dignidad estamos hablando? ¿Cuán soberanos y dignos somos? Soberanía y dignidad de dientes para afuera y nada más. Porque seguimos estirando la mano para recibir ayuda y esconderla luego, mostrando los colmillos.
Ya hemos perdido algunos cientos de millones de dólares por esto de nuestra dignidad mancillada, dizque por las condiciones de la cooperación extranjera. En el fondo todo eso es político. Es un rechazo a los “imperialistas”. La nación más pobre y miserable de América con alardes de soberanía. Soberano es el país que tiene recursos para vivir y hacerse respetar en la comunidad de naciones. No el que se cree digno y soberano porque ha incluido esos términos en la futura Constitución, que, por lo demás, es un lamentable saludo a la bandera.
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