Desde la formación del embrión, la información genética es organizada de tal manera que, tanto la parte del padre como de la madre se entrecruzan para formar un nuevo ser. Sólo desde ese momento se necesitará tiempo, adecuada alimentación materna y un ambiente propicio para el desarrollo y el crecimiento del feto.
El corazón comienza su funcionamiento alrededor de los 20 días después de la concepción, al igual que el inicio de las actividades celulares del sistema nervioso central. A los 45 días, el esqueleto está completo y los estímulos de las neuronas comienzan a activarse progresivamente. Cerca de las ocho semanas, el embrión nada en el líquido amniótico como si fuera un gran buceador y, dos semanas más tarde, todas sus estructuras anatómicas están completamente formadas, incluso sus huellas digitales.
Después de ese momento, el feto requiere más nutrientes para su crecimiento y la madre juega el papel más importante. Una buena y adecuada salud materna mejora la calidad de los nutrientes aportados al bebé, condiciona a un desarrollo óptimo y seguro, y permite reducir al máximo los riesgos materno–fetales hasta el final de embarazo, alrededor de las 40 semanas.
Los médicos, por otro lado, controlamos todo el proceso de forma no invasiva, con el apoyo de la tecnología inventada para obtener la mayor información sobre lo que le está pasando a la madre y también dentro de su vientre.
Sin embargo, esta linda secuencia de eventos, que debería ser grata en la mayoría de los casos, se contrasta con la poca cobertura del control prenatal que aún existe en nuestro país y, por consiguiente, la elevada mortalidad perinatal y materna, que no se reduce sustancialmente como se espera.
Es un reto en salud pública llegar a una cobertura del cien por ciento de controles prenatales (mínimamente cuatro controles por embarazo); pero esto lleva consigo una reorganización estratégica, no sólo en salud sino en infraestructura carretera y de transporte, cosa que aún está en proyectos sobre papel y no son una realidad viva.
Construir un sistema de salud prenatal, que cubra al máximo las necesidades de los embarazos, normales y de alto riesgo, tiene que ser prioritario. De este punto se supone que depende poblar nuestras ciudades y campos con recursos humanos sanos y vigorosos, para levantarnos hacia un progreso constante que necesitamos urgentemente.
*Luis Kushner-Dávalos es ginecólogo obstetra y docente universitario.
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