Una guía de 142 páginas muestra 31 destinos que apuestan al turismo comunitario desde el altiplano, los valles y los llanos. Los campesinos son los guías y los pueblos ofrecen albergues.
Texto: Jorge Quispe • Fotos: Bolivia desde adentro
En Beni, el mapajo no sólo es un árbol grande que abraza y protege a los más pequeños, hoy extiende sus brazos en forma de un albergue comunitario para hospedar a los turistas que desean conocer de cerca la vida de los pueblos tsimanes y mosetenes.
Las cabañas están a orillas del río Quiquibey, en la Reserva de la Biosfera y Territorio Indígena Pilón Lajas, que colinda con el Parque Madidi, a tres horas de viaje desde Rurrenabaque. “Es la nueva herramienta para la conservación de los parques y las áreas protegidas donde los pobladores participan para ofrecer modelos de turismo sostenible”, formula Carla Jiménez Casablanca, asesora de la Cooperación Suiza (Swisscontact) que, junto al Programa de Pequeñas Donaciones del Programa de Naciones Unidades para el Desarrollo, Conservación Internacional, Usaid y la Organización Mundial del Turismo, la Fundación PRAIA para la Cooperación Italiana y el Viceministerio de Turismo, crearon la guía Bolivia desde adentro, que presenta 31 módulos de turismo sostenible y comunitario.
La vuelta al país en un año
En mayo del 2007, un equipo fue encomendado para obtener información sobre los destinos turísticos comunitarios en Bolivia. Fueron reconocidas 76 iniciativas desde el altiplano, pasando por valles, hasta las tierras bajas.
El emprendimiento visitó 50 sitios en un año y tres meses. “En algunos lugares no hallaron información, por eso sólo están 31 sitios”, cuenta Jiménez Casablanca sobre el libro de 142 páginas que será presentado en diciembre y que costará 50 bolivianos.
Tras la experiencia se constató que a estos emprendimientos sólo les faltaba lanzarse al mercado. “Muchos habían sido abandonados y no funcionaban. Además, nadie capacitaba a su gente. Eso ha cambiado ahora”.
Así, por ejemplo, dentro del Parque Nacional Sajama, en Oruro, la comunidad de Tomarapi cuenta con su propio albergue. Diez, de las 30 familias, participan del proyecto donde la carne de llama y los atractivos arqueológicos forman parte de la oferta turística. Si el visitante quiere ir al sitio, la guía ofrece información en inglés y español, proporcionando teléfonos y correos electrónicos para hacer las reservas.
Si eso pasa en el altiplano, en el Parque Nacional Amboró (Santa Cruz), la comunidad Tacuaracú tiene cabañas turísticas y ofrece un paseo por piscinas naturales y cascadas. El ingreso a Espejillos cuesta cinco bolivianos, dinero que va a los pobladores.
Algo similar pasa en el albergue comunitario Mapajo, Beni, donde un conjunto de seis cabañas construidas por los tsimanes y mosetenes, aguarda a los visitantes. Un sitio donde el turista, además de conocer la selva, navegar por los ríos Beni y Quiquibey, puede interactuar con los pobladores en su vida cotidiana y la elaboración de las artesanías.
Los destinos de la guía fueron seleccionados con cuidado. “El visitante no puede caminar siete horas para ver un par de chullpares. La oferta debe ser relevante y complementarse con otras actividades”, aclara Jiménez.
Desde Apolobamba, pasando por Sampaya en Copacabana, la Cordillera Real, los parques nacionales de Cotapata, Madidi, Carrasco y la Chiquitanía, la guía tiene información para conocer a la Bolivia profunda. El texto llegará a Francia, Alemania, España, Suiza, Argentina y Chile.
“Bolivia desde adentro se pone en la piel del turista, pues te recomienda desde el tipo de ropa que debes llevar, hasta si es necesario traer agua y víveres al sitio”, resume Jiménez Casablanca.