Me parece interesante la propuesta vertida en “Respuestas Globales a Amenazas Globales. Seguridad Sostenible para el siglo XXI”, del Oxford Research Group, al evidenciar que el terrorismo internacional es una amenaza menor comparada con otras tendencias globales más graves.
Las actuales soluciones a las amenazas globales pueden conceptuarse como un “paradigma de control” que intenta mantener el statu quo a través de medios militares y procura controlar la inseguridad —en todas sus facetas— sin abordar las causas subyacentes, siendo muy probable que las respuestas vigentes aumenten los riesgos de que se produzcan más atentados terroristas en lugar de disminuirlos.
Los factores identificados que conducirán a una inestabilidad regional y global sustancial y a una pérdida de vidas a gran escala son: el cambio climático, la competencia por recursos, la marginación del mundo mayoritario y la militarización global.
En el informe citado, los autores aducen que las actuales políticas de seguridad son contraproducentes a largo plazo y argumentan que es necesario un nuevo enfoque denominado “paradigma de seguridad sostenible”, el cual ofrece una mejor posibilidad de evitar el desastre global y por ende aborda algunas de las causas subyacentes del terrorismo.
La principal diferencia entre el paradigma de seguridad sostenible y el de control es que el sostenible no pretende controlar unilateralmente las amenazas a través del uso de la fuerza (atacando los síntomas), sino tiene como objetivo resolver de manera cooperativa las causas subyacentes de esas amenazas utilizando los medios disponibles más efectivos, a saber: dar prioridad a las energías renovables como solución al cambio climático; eficiencia energética como respuesta a la competencia por los recursos; reducción de la pobreza como medio para abordar el problema de la marginación; detener la proliferación de armas de destrucción masiva como principal elemento de comprobación de la militarización global, y otros.
Puesto que impera reconocer que vivimos en un universo interconectado, ya no es suficiente centrarse en cuestiones medioambientales independientemente de las amenazas emergidas de las divisiones socioeconómicas y de la marginación.
Por lo tanto, los gobiernos, las ONG y la ciudadanía deben trabajar juntos y reconocer que tienen ahora la urgente corresponsabilidad de abordar un enfoque sostenible respecto a la seguridad global, tratando las cuestiones medioambientales, conjuntamente con las del desarrollo y la seguridad (y viceversa).
Por lo citado, parece correcto suponer que trabajar en uno de estos temas con independencia de los otros ya no tiene sentido. Son necesarias medidas que garanticen simultáneamente la protección medioambiental, el desarrollo sostenible y la seguridad global, y por ende un nuevo enfoque político que relacione el movimiento por la paz y la seguridad con el movimiento ecológico y con la lucha en la erradicación de la pobreza.
*Mariella Pereyra O. es cientista política.
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