Otra vez las divergencias en los balances y en las perspectivas del proceso político. Algunos apuntan a celebrar el acuerdo congresal que viabilizó la convocatoria al referéndum constituyente como una señal de convergencia al centro porque el oficialismo y la oposición retrocedieron en sus posturas respecto al proyecto de nuevo texto constitucional. Y como se sabe, en una coyuntura marcada por la polarización política el retroceso de los actores estratégicos significa un avance hacia el centro, ese lugar que es un no-lugar, que es más bien un estado de situación, un momento de convergencia que se caracteriza porque si bien no salieron ganando todos, ninguno fue derrotado de manera absoluta. Tampoco se produjo, y no es moco de pavo, la debacle generalizada, la confrontación sin retorno ni la clausura de la resolución de la crisis política.
Otras miradas son escépticas, a contramano del optimismo ingenuo que supone que los actores han cambiado sus posturas y sus estrategias. El escepticismo se sustenta en que el acuerdo congresal de octubre pasado se limitó a desatar un nudo que impedía el despliegue del proyecto oficialista que, después del referéndum constituyente, se lanzará con toda la fuerza, por ahora contenida, de la legitimidad plebiscitaria, más tarde acrecentada merced a la inevitable reelección de Evo Morales. Entonces, las loas a la institucionalidad democrática serán acalladas por los gritos de la imposición del autoritarismo gubernamental y el despotismo de las masas movilizadas.
Como diría el analista político mexicano Mario Moreno, ambas interpretaciones son correctas, ambos dos tienen razón, aunque lo más seguro es que quién sabe.
Y esto es así porque dependerá de la manera en que mueven sus fichas oficialismo y opositores (nótese el singular en un caso y el plural que pinta al otro). Para empezar, dependerá de cómo se resuelve en enero del 2009 la elección de la presidencia en el Senado, porque parte de la crisis política y de su resolución tuvo y tiene que ver con la existencia de “gobierno dividido” desde enero del 2007 a la fecha. Esto es, con el control opositor de la Cámara Alta y la posibilidad de bloqueo a las iniciativas del oficialismo merced a la regla de dos tercios para la aprobación de decisiones legislativas. Como se vio, esta figura resultó más eficaz para constreñir la conductas partidistas y movimientistas (no emenerristas, sino la de los movimientos sociales, ahora en reposo), a diferencia del otro escenario de confrontación que se manifiesta en esa suerte de “división vertical de poderes” entre presidente y prefectos opositores que intentó ser resuelta mediante el referéndum revocatorio.
Los resultados de esa consulta plebiscitaria no cumplieron ese cometido, pero sí ataron al oficialismo al discurso de la legitimidad democrática que sirvió de acicate para que la resolución de Unasur empujase al camino de la moderación. En este caso, el curso del proceso político dependerá de la conducta de la oposición regional en torno al referéndum y de los resultados obtenidos por su campaña por el No. En otras palabras, la conducta de la(s) oposición(es) y su capacidad de incidencia dependerá de los resultados que obtenga(n) en ambos frentes en el crucial mes de enero del 2009. Mientras tanto, el oficialismo seguirá estando, como el personaje de un clásico cuento de Augusto Monterroso: “Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí”.
*Fernando Mayorga es sociólogo.
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