La de José Ismael Flores resume de manera dramática la historia de miles de compatriotas que expulsa la pobreza. José y sus dos hermanos menores que lo habían convencido a emigrar a España murieron el miércoles. Los intoxicó el gas de un generador eléctrico defectuoso que prendieron para combatir el frío en la mísera caseta en la que se reunieron para despedirse. José tenía ya en el bolsillo un pasaje de la Cruz Roja para volver a Bolivia. Debía llegar este viernes a Santa Cruz, de donde partió hace tres años.
De lo poco que ganaba como albañil, José enviaba 50 dólares cada mes para ayudar a estudiar a sus hijos, hasta que la crisis en la construcción y la pérdida de dos dedos en un accidente lo dejaron sin trabajo hace un año y lo decidieron a volver.
Como José, no sabemos cuántos más de los 3.300.000 bolivianos que vagan por el mundo estarán en la misma disyuntiva. Pero han de ser muchos seguramente porque la crisis financiera internacional golpea duro a todos.
Sólo para tener una remota idea de lo que se viene, tomemos en cuenta que, para frenar la recesión, sólo la Reserva Federal inyectará al sistema financiero de Estados Unidos 800 mil millones de dólares. Si se distribuyera toda esa plata por igual entre los habitantes de este mundo (6.739 millones), cada uno recibiría algo más de 100 millones de dólares. “Seríamos todos millonarios”, decía sonriendo mi amigo Guido Pizarroso. Pero esa inmensa cantidad de dinero y todo el que están inyectando en sus finanzas las otras potencias son insuficientes para frenar la recesión, porque la cuestión es mucho más complicada.
Y nos guste o no, golpea ya nuestras puertas. El de José y sus hermanos es sólo un ejemplo del drama del desempleo que por culpa de la recesión expulsará de países más ricos y desarrollados a miles de inmigrantes. Como país nos afectará no sólo porque disminuirán sus remesas. Aumentará también la desocupación interna que crece ya con el cierre de ingenios y cooperativas mineras por la caída del precio de los minerales en el mercado mundial. Y aumentará también por la pérdida de mercados de exportación de nuestros productos manufacturados, que son los que mayor empleo demandan.
Tal vez si hacemos un esfuerzo para imaginar desde nuestra realidad de pobreza y subdesarrollo la magnitud de la crisis podremos superar la tendencia a imitar al avestruz para decir que estamos bien, aunque no sepamos hacia dónde vamos.
La magnitud de la crisis financiera y la realidad de la gente como José son mucho más complicadas como para esperar soluciones sólo por el camino de la utopía política y de los sueños.
*Juan León C. es periodista.
Otra vez
Otra vez las divergencias en los balances y en las perspectivas del proceso político. Algunos apuntan a celebrar el acuerdo congresal que viabilizó la convocatoria al referéndum constituyente como una señal de convergencia al centro porque el oficialismo
Justificando la barbarie
Al analizar lo sucedido en Achacachi, resulta difícil determinar si los hechos en sí entran en la categoría de bestialidad incomparable ya que existen abundantes antecedentes en la región que incluyen la antropofagia colectiva
El cambio según Evo y Obama
Aunque sean calificativos quizá inocuos cuando no son cargados de sesgo prejuicioso, tal vez incurro en el mal gusto del guarango Hugo Chávez, que siendo un zambo, se refiere a Barack Obama como el negro, luego de llamar indio al cansancio a Evo Morales.
El artículo 22 de la Ley del BCB
El artículo 22 de la Ley 1670 del 31 de octubre de 1995 (Ley del Banco Central de Bolivia, BCB) establece como principio general que esa institución no puede otorgar créditos al sector público ni contraer pasivos contingentes a favor del mismo.