Dicen que en la educación de las personas influye mucho la familia, pero es decisivo también el rol que juegan los maestros, esos sacrificados profesores a quienes muchas veces les damos tanto cariño como a nuestros propios padres. Un necrológico reciente anunciaba la muerte de Félix Villavicencio, ex profesor, ex director del colegio Hugo Dávila; él nos enseñaba Historia y hoy, paradojas de la vida, es parte de nuestras historias.
Todos quienes hemos pasado por ese colegio de Miraflores sabemos muy bien que la historia de esa institución ha sido construida por maestros de un gran valor académico y de un enorme valor moral. Félix Villavicencio es parte de la historia del Dávila, como lo fue Ernesto Landívar quien nos dejó huellas profundas en el conocimiento de la Geografía, o de los profesores Almanza y López, mentores de quienes después fueron médicos o ingenieros. Importante fue siempre la presencia de René Higueras, que parecía un eterno director del colegio aunque hay quienes lo recuerdan al flaco más por la Matemática que por la vara que usaba para cuidar la disciplina. Pero, la vida se va llevando a muchos de ellos, como lo hará también a nosotros. Hace algunos años se llevó a Ricardo Rada, a ése que enseñó a los jóvenes el amor por la literatura boliviana y latinoamericana. También el tiempo se encargó de darle descanso al mister, a Mister Valverde, nuestro profesor de Inglés, y al regente Carvajal, quien desde lejos debe estar velando por la disciplina davilista.
Todos los bachilleres recuerdan a sus maestros con cariño; es normal en la vida hacerlo. Nosotros, los davilistas, también recordamos a nuestros profesores, pero al recordarlos debemos hacerles un homenaje adicional, pues hace décadas ellos crearon un colegio experimental, en el cual reinaba la libertad, en el cual la norma era la exigencia. En ese tiempo no conocíamos algunas palabras, por ejemplo, “competitividad”, pero en el Dávila reinaba el esfuerzo por lo que hoy se llama “competitividad” (académica).
Esos maestros impulsaban la eficiencia, ellos crearon un colegio fiscal competitivo frente a los colegios particulares de nombre. Medían su eficiencia en la capacidad de ingreso de sus alumnos a la universidad, en los tiempos en que el examen de admisión a la UMSA era algo respetable y de una exigencia quizás desmesurada.
Ellos crearon una opción educativa de calidad para hijos de clases medias pobres, para hijos de obreros quienes, por el hecho de haber pasado por esas aulas, pudieron estudiar carreras universitarias en épocas en que el filtro del examen de ingreso a la universidad cerraba sus puertas a alumnos de colegios fiscales donde no hubo una buena formación. Pero, esos maestros no sólo tuvieron su mente puesta en la eficiencia, sino también en dotarnos de valores morales como la solidaridad y la transparencia. Los valores morales que nos inculcaron todavía los llevamos en la maleta de la vida. Gracias a los Villavicencio, Landívar, Higueras, Rada, Almanza, López, Carvajal, Valverde y todos los maestros que nos pusieron el hombro para que podamos ver más lejos.
*Carlos Toranzo R. es economista y analista político.
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