En Bolivia, hoy se desentierran odios que tarde o temprano tendrán que superarse si queremos hacer un país. La capacidad de recuperación del izquierdismo político en general y del boliviano en particular, que cada vez insiste más en desconocer la importancia de los apoyos, las solvencias y las ductilidades del capitalismo regulado, es nula en un mediano plazo de digamos quince años que más o menos ocupa una generación. Comparada con la capacidad de recuperación del capitalismo, el izquierdismo pierde y de lejos. Que los gobernantes bolivianos del momento desconozcan este hecho histórico universal no solamente sorprende sino que invita a la sospecha. Y la sospecha obvia es que el corto plazo, digamos diez años o menos, los encandila como si las colectividades bolivianas no aspirasen a edificar un futuro para sus hijos, nietos y la descendencia de éstos que tarde o temprano han de de tener que buscar el equilibrio entre el socialismo y el capitalismo para seguir adelante. Así lo enseña la historia de otros pueblos.
En teoría política sobre todo en Europa, la democracia cristiana como centro-derecha y la social democracia como centro-izquierda del espectro político son probadamente afiliadas en mayor o menor grado tanto al socialismo como al capitalismo para perdurar. El grado en que una época practique más el socialismo casi siempre ha sido compensado por un subsiguiente periodo en que se practica más capitalismo que socialismo sobre todo desde mediados del siglo XX. Eso sí, el uno ya no busca eliminar al otro con la pretensión de regir solo. El fracaso de la Unión Soviética (URSS) lo comprueba y desde luego ¡lo enseña! El auge de China con su énfasis en un capitalismo neoliberal, que deviene en un océano de izquierdismo político dictatorial, también lo ilustra.
Ahora ¿podemos hablar de un éxito político-económico en Cuba o Corea del Norte? No creo ¿por qué? porque ambos han rechazado los méritos del capitalismo amplio y respetuoso de las leyes como coadyuvante, tal como lo rechazaron los también fracasados países del interior de lo que se llamó la cortina de hierro. Por el lado opuesto, los dictadores militares suramericanos de derecha fracasaron políticamente porque decidieron deshacerse a la fuerza del socialismo a menudo extremista que también intentó imponerse violentamente cuando lo obvio e inteligente por parte de ambos bandos hubiera sido tolerar y blandir las leyes y proceder de acuerdo a ellas, o sea democráticamente. Todavía en la mayor parte de América Latina no aprendemos a tolerar pareceres políticos opuestos; en Bolivia hoy se desentierran odios que tarde o temprano tendrán que superarse si queremos hacer un país.
Pero sí podemos hablar del éxito de un socialismo atemperado y mayormente sereno como el del Reino Unido, Francia, Alemania, España y los países escandinavos. Lo mismo podemos decir del capitalismo reinante en estos países. En Suecia, por ejemplo, el empresario privado promedio tiene la obligación de pagar hasta un setenta por ciento de su ingreso en impuesto a la renta al gobierno central. Una cifra así sería imposible de legislar en EEUU porque la mentalidad del promedio del pueblo norteamericano cree más en el esfuerzo compensado libremente, y de acuerdo al empeño y perseverancia individual, y no tanto en el socialismo que significa pagar cualquier impuesto aunque tolera uno del treinta por ciento. Cabe destacar que en Suecia tanto el cuidado médico desde el nacimiento hasta la senectud, como la educación de párvulo hasta el grado universitario incluso de doctor, corren competentemente por cuenta del Estado. En tanto que en EEUU, sobre todo el cuidado médico de calidad, está lejos de llegar al alcance de toda la población. La educación terciaria ofrecida por la llamada “Liga de la yedra” de universidades relativamente afamadas y costosas tampoco está al alcance de todos, aunque esto no quiere decir que las universidades públicas de cada Estado no ofrezcan educación de primera. También es de primera la educación estadounidense socializada de primaria y secundaria, aunque existe la opción de las escuelas privadas, también competentes. El complemento de lo uno y lo otro es lo importante.
Gobernar socavando la empresa privada nacional y/o extranjera, sin analizar las razones que las hicieron posibles y sobre todo sin sopesar las legalidades y/o posibles irregularidades de su desempeño, es destruir formas de capitalismo que deben acompañar cualquier emprendimiento socialista que espere perdurar y sobre todo prosperar. También es de ignorantes e ideólogos rancios y equivocados predicar presuntas ilegalidades en la propiedad de tierras ¡sin comprobarlas! Si las tierras han sido ilícitamente adquiridas compruébelo, usted Gobierno, públicamente ante un juez, y los votos a favor vendrán de por sí sobre todo si se cuenta con el actual sistema de difusión del Estado.
El punto es que la capacidad de recuperación del capitalismo en crisis es superior a la del socialismo extremo. Históricamente, elementos de éste nunca se superaron sin la ayuda categórica del capitalismo.
*Jorge V. Ordenes L. es economista y educador.
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