“No tolero a la gente intolerante” Ivette Mercado es comunicadora social. El arte en su caso es un puente para buscar al receptor y proponerle compartir reflexiones.
LA ARTISTA SE MUESTRA • Ivette Mercado junto a una videoperformance que la muestra en su actual estado de gestación. Así se presentó para inaugurar la exposición sobre su obra.
Sus cho meses de embarazo la motivan a hacer una pausa en su intensa actividad. Además, llega fin de año y el momento es perfecto para tomarse un respiro. Antes, Ivette Mercado Zubieta (Oruro, 1981) ha dado un pequeño salto de Cochabamba, donde vive y crea, a La Paz. En esta capital, el Espacio Simón I. Patiño ha montado tres pantallas para mostrar, hasta el 12 de diciembre, el registro audiovisual de tres obras de arte contemporáneo que llevan el sello de Ivette Mercado: dos performances y un happening.
Comunicadora social, con dos diplomados y una maestría en el ramo, la profesional se enamoró del teatro a sus tres años, según cree recordar. En el Instituto Laredo se acercó a las artes, pero fue en su adolescencia que Teatro de los Andes le dio “un sopapo” metafórico y le confirmó en lo que quería hacer. Ivette es parte del grupo Mackurka Teatro en el que bien puede actuar —ha ganado un premio en el Festival de Teatro de Cámara Bertolt Brecht en Cochabamba— como asumir la dirección —nuevo premio en el Peter Travesí 2005—.
“Soy curiosa”, admite, y un buen día se acercó a unos talleres de performance, en el mARTadero —espacio para la cultura de la que es fundadora— y halló que, haciendo teatro, esa forma de expresión no podía serle tan ajena. Así que envió un proyecto al Concurso Nacional de Arte Contemporáneo (Conart), donde no sólo lo aceptaron sino que terminaron por otorgarle el reconocimiento a la Obra Destacada 2004.
El trabajo, que es parte de la muestra en Patiño, se llama La vieja rutina del arrepentimiento. Basada en el texto Don Pedro dijo no, de Roberto Cosa, la obra enfatiza en el drama de negar toda la vida por una verdad.
“Concebí la performance según lo que pensaba que era: una pequeña obra de teatro desarrollada en un lugar público, sin que la gente se dé cuenta de que así está pasando”. La obra toma la estética del cómic, con personajes que se expresan con textos proyectados a la manera de nubes.
El 2007 volvió a tentar suerte, esta vez con un happening para el Salón Internacional de Arte (Siart). Ganó el Premio Arte Joven con Antítesis del espacio público motorizado, galardón que no pudo recoger, pues al mismo tiempo estaba en los MTV Video Music Awards, recibiendo, junto al colombiano Juanes, el Premio Lengua Blanca para los jóvenes agentes de cambio.
Antítesis... es otra de las obras que se puede ver en Patiño. “Nació de mi sentimiento de impotencia frente a la violencia del transporte público; a diario, sales de tu casa y te encuentras en medio de esa violencia: empujones, maltrato... Me pregunté ‘qué pasaría si...’”. El happening se hizo a bordo de un bus de la línea de colectivos 2, en La Paz. Colaboró el chofer y los pasajeros que fueron abordando el transporte fueron recibidos por amables azafatas. “Extremamos los recursos: mensajes ultrapositivos, dichos de personajes famosos en lugar de los stickers de ‘No escupa’ o ‘No distraiga al conductor’. La gente comentó que si esto pasase a diario, si el espacio público fuese más amable, la vida sería distinta”.
Con más ideas sobre la performance, no definidas todavía respecto a su distancia respecto al teatro, Ivette Mercado hizo una nueva bajo el nombre de Velocímetros en síncopa. “Estoy más satisfecha con el proceso que con el resultado”, adelanta.
Un grupo de jóvenes vestidos de negro y con máscaras irrumpió en la terminal de buses en un día y hora de gran ajetreo. Caminaron lentamente en medio del frenesí del lugar. “La gente nos dijo de todo: nos empujaron, advirtieron que no nos darían un centavo al terminar ‘la función’, reclamaron por el hecho de que la distraíamos para robarles luego...”. La intención de marcar la diferencia entre los tiempos individuales y colectivos arrojó así evidencias de las discrepancias.
“Tengo claro que debo aprender mucho aún”. En eso anda Mercado que, sin embargo, tiene ya algunas certezas: “Postulo un arte para reflexionar”; “no quiero pensar nunca que hice algo en tal nivel que ya no me deje crecer”, “ahora busco crear obras que me gusten primero a mí y cuyo valor estético sea inobjetable”.
Orureña en el valle, Mercado, que ve en el arte una forma de comunicación, aun “a pesar de” que el emisor no la busque (el arte por el arte y posturas así), percibe enormes fracturas en la sociedad cochabambina luego de la violencia del 11 de enero “que hizo que ciudad y campo se separen”. “Peleo mucho con alguna gente que me rodea, incluso con mis padres, por sus ideas. Yo soy de las que trata a besos y abrazos a la anticuchera...; muchas veces no sé cómo sentirme, pues entiendo que veo las cosas desde mi perspectiva y que es difícil ponerse de acuerdo... Lo que sé es que hay que trabajar para que las diferencias se respeten, que el arte es un camino para abrir espacios, y que lo único que no tolero es a la gente intolerante”.
“Lo que sé es que hay que trabajar para que las diferencias se respeten y que el arte es un camino para abrir espacios en tal sentido”.