El economista estadounidense Douglas North (Premio Nobel 1993) destacó en el campo de su producción teórica por la importancia que asignaba a la “institucionalidad” como factor importante para el desarrollo. Según North, los cambios institucionales resultan más gravitantes que los tecnológicos, pues éstos dependen de los primeros. Él explicó, por ejemplo, que la informalidad económica no tiene que ver necesariamente con una tara cultural, la religión o una predisposición de origen étnico, como se piensa, sino que es la consecuencia de las deficientes políticas, un ámbito exclusivo del Estado.
Según North, la diferencia entre los países desarrollados y los subdesarrollados radica en la eficiencia de su organización institucional, y el respeto a ésta. Así, el desarrollo económico depende de la calidad de las instituciones que promueven el funcionamiento eficiente de los mercados, y de que además se proteja a éstos de la injerencia política. En conclusión, un país sin instituciones fuertes y probas, está destinado al fracaso.
¿Cómo está la institucionalidad en Bolivia? En un estado lamentable, especialmente cuando “se le mete nomás”, para luego “arreglar” los excesos; cuando se impone la protesta de la calle, por sobre las leyes y el Derecho; cuando la meritocracia ha sido superada por el dedazo; y, cuando el hipertrofiado aparato estatal parece haber sido tomado por asalto, dada la calidad de sus ocupantes: Ministros en gran parte sin profesión, ni oficio; viceministros cuyo mejor atributo es ser “militantes del proceso de cambio”; funcionarios dislocados de su vocación; empresas estatales manejadas por gente improvisada ¡y hasta por extranjeros advenedizos! dan cuenta de que la institucionalidad se vino abajo en el país, y eso es algo grave.
La improvisación en el manejo del Estado es el pan de cada día, y un botón basta de muestra: sufrir la carencia de combustibles en un país donde abunda el petróleo y el gas es la lógica consecuencia de tener imberbes actores en la Cartera, la Superintendencia y la empresa estatal del ramo. Se ha llegado al extremo de escuchar de boca del propio servidor público —en el cargo de ministro— decir de un nuevo Director de YPFB: “Aquí tienen a otro ignorante que no sabe nada, para que lo critiquen”. Curiosa forma de expresarse del novedoso control social boliviano.
Que importemos diesel no debería asombrarnos (también lo hacían los “gobiernos neoliberales”); la posibilidad de traer gasolina de Chile (¡!) nos sorprendió, pero ¿también GLP “de ser necesario”? A este paso, en breve estaremos implorando a Brasil que nos venda algo del gas que le exportamos. Para ponerlo en perspectiva: si fuéramos esquimales, estaríamos pensando en importar hielo, y todo por no tener un mínimo sentido de ubicación y respeto por las instituciones.
*Gary A. Rodríguez A. es economista y gerente general del IBCE.
Pensando en La Paz
La realidad siempre es paradójica. Es el caso del departamento de La Paz, geográficamente, la síntesis de Bolivia con sus tres pisos ecológicos: altiplano, valle y trópico.
¿Bolivia, libre de analfabetismo?
El gobierno del presidente Evo Morales, a través del programa “Yo sí puedo”, apoyado por Cuba, declarará a Bolivia en este mes de diciembre “territorio libre de analfabetismo”.