Un centenar de países empezaron ayer a firmar en Oslo el tratado que prohíbe las bombas de racimo, devastadoras para los civiles, haciendo un llamamiento a los mayores productores de esas armas, como EEUU, Rusia y China, a sumarse al acuerdo.
Noruega, impulsora del tratado, espera que éste entre en vigor a comienzos del 2009. Para ello debe ser ratificado por al menos 30 países. "El mundo es hoy un lugar más seguro. Éste es el mayor tratado humanitario de la última década", dijo Richard Moyes, miembro de la Coalición de Municiones Cluster (CMC), una entidad que agrupa a 300 organizaciones no gubernamentales.
El acuerdo prohíbe la producción, el uso, almacenamiento y comercio de esas armas y que, hecho innovador, obliga a los firmantes a ayudar a los países y a las víctimas de estas bombas. Además de Noruega, otros Estados como Irlanda y el Vaticano han iniciado el proceso de ratificación, según los organizadores de la Convención de Oslo.
Entre el miércoles y el jueves, un centenar de países estamparán su firma en este acuerdo alcanzado en mayo en Dublín, entre ellos Francia, Gran Bretaña, Alemania y Canadá.
Compuestas de un contenedor (obús, misil, cohete) que puede llevar hasta 650 minibombas, las bombas de racimo (BASM) pueden ser disparadas por medios aéreos o terrestres (cañón, mortero, lanzagranadas) y se dispersan en un vasto perímetro pero sin estallar al mismo tiempo, convirtiéndose así en minas antipersona, que habían sido prohibidas por la Convención de Ottawa de 1997. Oslo, AFP