Un experto en desarrollo rural visita una comunidad colombiana donde conviven familias indígenas y afrodescendientes, todas ellas desplazadas por la violencia. Un grupo de señoras (el 70% de ellas viudas porque sus maridos fueron asesinados por paramilitares de extrema derecha) cuenta que lo que ellas quieren hacer en el chaco es sembrar yuca. El técnico pregunta por qué, si el tubérculo no tiene buen precio en el mercado dado que es endémico en la zona. Entonces, una de las mujeres le dice:
1) Es verdad, hay mucha oferta de yuca, por eso nadie se robará nuestra producción. En el peor de los casos, se lavarán una mata pero no nos afectará y no tenemos que estar cuidando día y noche nuestra producción.
2) Con yuca, en el chaco, siempre habrá con qué llenar la olla. No importa la crisis que pasemos, de todas maneras habrá qué comer.
3) En este país hay mucho conflicto, mucha pelea, pero dígame usted: ¿qué vecina nos va a poner mala cara si a la mañana le visitamos llevándole un poco de yuca y luego le pedimos que vea a nuestros hijos?
Eso, amables lectores, es sabiduría. Y los economistas tal vez deberían aprender un poco. No es cierto que la crisis internacional no nos afectará. Claro que sí: llegarán menos remesas y se pagarán menores precios para nuestras materias primas.
El problema es tan profundo que, por irónico que parezca, la derecha espera que la crisis del capitalismo se lleve a Evo. Ellos, precisamente los que a todo bombo apoyaron la libertad irrestricta del mercado, ahora quieren que la economía nacional se destruya para poder ganar unos cuantos votos a finales del próximo año.
Les importa poco el drama de tanta y tanta gente que tendrá problemas para alimentarse. Por eso me gusta tanto la historia que he contado al principio de esta columna, porque esa mujer, sin mayor preparación académica, dio en el clavo: mientras haya qué llevar a la olla, la cosa estará tranquila. Y eso sólo es posible garantizando la seguridad alimentaria.
Y ésta debería ser la mayor apuesta del Gobierno, aunque para ello debamos invertir parte de los ahorros que tenemos en el Banco Central.
Si garantizamos alimentos baratos para todos los bolivianos, veremos que la crisis pasa de largo y estaremos más preparados para las siguientes tormentas. A partir de ahí podemos pensar en exportar los excedentes.
La Pachamama ha sido extraordinariamente generosa con nuestro país, tenemos todos los climas y muy buena mano de obra. Así que a sembrar yucas, y papas, y quinua, y trigo, y arroz, y soya y un largo etc.
Por otra parte, dados los lamentos de los intelectuales que apostaron por el sistema, de que los bolivianos no les reconocen su gran contribución al pensamiento, quizá lo más adecuado sea pensar que lamentablemente, para ellos, nacieron en una época de cambio y de irrupción de otras categorías culturales. Hoy la “alta cultura” pasa por la multiculturalidad, por la fiesta boliviana, por la música indígena, por los secretos lenguajes de los tejidos andinos.
Ligo estos dos temas porque hace mucho que defiendo que el verdadero saber no se pasea por las bibliotecas sino por el conocimiento práctico, por el saber local. Lo que no quita que me encanten los libros, pero voy más allá, como una vez más me lo han demostrado las mujeres de ese pequeño pueblo colombiano cuyo sueño es sembrar yuca.
*Jaime Iturri S. es periodista.
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