“¿Dónde está el pterodáctilo?”, ronda en la mente del visitante. En el Parque Amboró, Santa Cruz, un sendero invita a recorrer la prehistoria.
Texto:Miguel Vargas Saldías • Fotos: Lhy Barra
Cuentan que en 1750, huyendo de las secuelas de la Guerra del Chaco, varias familias salieron de Vallegrande en busca de días mejores. Se decían “¡vamos a la yunga!”, que es como se conoce a las tierras donde pastan las vacas en época de lluvia. Llegaron migrantes de valles y altiplano. Así nació, en lo alto, una comunidad en el departamento de Santa Cruz que se convertiría en guardiana de la entrada al Parque Amboró.
No es la única leyenda de la zona. Se dice también que en La Yunga mataron al Rey Inca, quien antes de perder la vida escondió 14 bloques de oro en algún lugar de la comunidad. El tesoro aún no ha sido encontrado por los aventureros que, en busca de riqueza, se toparon con el corazón de un bosque milenario.
Estas historias —adobadas por el clima templado y húmedo, el verdor de los paisajes y la cordialidad de los pobladores— han sido el anzuelo para atraer a los turistas hasta el emprendimiento más exitoso en torno al Parque Nacional Amboró, según puede dar fe Artemio Zabala Montaño, de 31 años, técnico en proyectos de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), entidad que colabora con el fortalecimiento de este atractivo turístico comunal, aunque hace dos años que el emprendimiento es autosostenible.
Sin dormirse en los laureles —el proyecto ya va a los cinco años de vida— las 14 familias que están asociadas en los senderos de La Yunga y el albergue ecológico Los Helechos, junto al municipio de Mairana, se han propuesto potenciar más los atractivos del sector, abriéndolos a los estudiantes del departamento y el país.
La responsabilidad de los pobladores no es poca: Deben salvaguardar el ingreso a las 637.000 hectáreas del Parque Nacional Amboró, un extenso territorio que goza de una variada biodiversidad gracias al encuentro de los bosques tropicales húmedos con los bosques deciduos, los secos, los subtropicales y los templados de las montañas andinas.
¿Cómo se puede cuidar el Parque y lograr a la vez el desarrollo sostenible? Con el ecoturismo. Y aquí entra a colación el Bosque de los Helechos Gigantes.
Rumbo a La Yunga
“Allí sólo falta ver volar al pterodáctilo”, es el comentario que ronda los 137 kilómetros que separan a Santa Cruz de la Sierra de la comunidad asentada en el municipio de Mairana. La carretera antigua a Cochabamba ofrece paradas donde el viajero se aprovisiona. Avanzando más, las ventanillas del coche dejan ver cómo los valles copan el paisaje.
Son las 9.00. Huevos revueltos, tostadas y un café caliente se reúnen en un desayuno en Samaipata. Desde allí, las operadoras de turismo ofrecen tours a La Yunga. Nuestro caso es distinto: vamos acompañados por técnicos de la FAN que están poniendo en marcha un proyecto educativo.
Se acaban los huevos, las tostadas y el café. Hora de partir hacia La Yunga, a una hora del serpenteado camino de 15 kilómetros que trepa por el rojizo cerro hasta toparse con aires más fríos.
La Yunga es una población con casas de aire colonial acomodadas en un gran cuadrado que deja en medio una verde plaza. Son 37 las familias que viven en los alrededores de la agricultura (hortalizas, papa, maíz, fréjol, locoto, cítricos durazno y frutilla) y de la ganadería (vacuno, caprino). Su gran necesidad: comunicación con las poblaciones cercanas, pues no cuentan con ningún tipo de servicio de telefonía.
Agitada, nos da alcance Roxana Cardona Zurita. La estudiante de veterinaria de 22 años ha asumido el cargo de administradora del albergue Los Helechos, a donde se llega luego de una breve caminata cuesta arriba. “A los turistas les atrae conocer a la gente de la zona y poder estar cerca de la naturaleza. Muchos se quedan por días. Llegar es fácil: La gente viene y me busca. Si quieren quedarse, los traigo al albergue y pueden cocinar. Hay una oficina en Samaipata, con un guía de La Yunga que puede orientar a la gente para venir”.
Por el momento, Roxana ha asumido el reto de volver a congregar y motivar a los 14 miembros de la asociación que se ha visto afectada por los conflictos sociales vividos este año: cuando hay problemas, los turistas, simplemente, desaparecen.
Pitonisa de las hierbas
Pocos minutos (cinco kilómetros) separan a La Yunga del Bosque de los Helechos Gigantes. Con el machete en la mano, Donatila Rioja de Montaño dista mucho de ser la abuelita del estereotipo. Con la fuerza de sus 67 años se abre paso a golpes entre la maleza que coquetea en el sendero que conduce hacia el Pinar Yungueño o Bosque Nuboso.
“Según la enfermedad que la gente tiene, preparo un mate con la manzanilla, el boldo, la querqueja, el matico, el curu curu, el llantén y la quirusilla”, receta Donatila. Como guía, ella domina la aplicación de las plantas medicinales, un saber más que necesario en un pueblo al que llega el médico una vez al mes.
Ante el cartel que señaliza el inicio del recorrido, Donatila hace una breve exposición sobre el Parque Nacional Amboró, cuyos límites estamos a punto de bordear. El bosque se halla en la denominada Área Natural de Manejo Integrado Amboró (ANMIA) , un espacio en el que está permitido el ecoturismo de bajo impacto para el aprovechamiento económico de la comunidad.
Mientras se avanza, Donatila va señalando los cerca de 800 tipos de helechos que se pueden hallar en la zona, desde los diminutos que se abrazan a las rocas hasta los gigantescos árboles de espinos que desafían a los cielos.
Pasos más allá, la humedad y el aire fresco preparan al visitante para un espectáculo impresionante: helechos arbóreos de más de 20 metros de altura que, en cada centímetro, revelan un año de crecimiento. Unas cuentas básicas, inevitablemente, hacen volar la imaginación: ¿Dónde es que está el pterodáctilo?
Para ingresar en este paisaje de la era paleozoica, los comunarios —con el apoyo de FAN y el financiamiento de Usaid— han construido una vía de madera suspendida en el aire, con puentes y escalinatas que sobrevuelan el paisaje, pues el suelo resbaloso y acolchado por los líquenes y musgos podría ser peligroso.
Desde ese sendero, que culmina en un mirador, se llega a un bosque que se ha mantenido intacto por aproximadamente 360 millones de años. Sobresalen en la flora los helechos, plantas que no tienen ni frutos ni semillas. especialmente imponentes son los arbóreos (Alsophila spp. y Dicksonia sellowiana), que sirven de hogar para aves, entre las que están la tijereta (Elanoides forficatus), el trogón mascarado (Trogon personatus) y el quetzal crestado (Pharomachrus antisianus).
Donatila se sabe de memoria el recorrido, pero nunca deja de sorprenderse. Lo mismo le pasa al ex guía Fidel Darwin Sejas, quien hoy es responsable de Cultura, Turismo y deportes de la Alcaldía de Mairana. Ha sido de los primeros en formarse y su objetivo es promocionar la riqueza natural desde su cargo. “Esto nos permite conocer a mucha gente de distintas partes del mundo”.
Y para compartir toda la riqueza natural de La Yunga, ahora se organiza para los niños de Bolivia un sendero educativo que está siendo diseñado por Érika Bayá. Pero esa, ya es otra historia.
BRÚJULA
Dónde está. El Bosque de los Helechos Gigantes se halla en el Parque Nacional Amboró. Se llega por la comunidad de La Yunga, ubicada al este del municipio de Mairana, a 137 kilómetros de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.
Cómo llegar. De Santa Cruz de la Sierra salen taxis expresos hasta Mairana o Samaipata por Bs 25 y buses que van por la carretera antigua a Cochabamba. De Samaipata o Mairana se toman tours hasta La Yunga. La comunidad cobra 150 bolivianos por visitar las rutas con un guía para cuatro personas.
SERVICIOS
Albergue. La comunidad de La Yunga ofrece hospedaje en el Eco-Lodge Los Helechos, que puede atender a 30 personas en habitaciones con tres camas y un área de camping. Cada habitación está señalizada con el nombre de un animal silvestre de la región y cuenta con electricidad, baños y servicio de cafetería y comidas típicas e internacionales.
Tours. Con los Guías Comunales se pueden realizar tours de uno o varios días, en coche o a caballo, hacia el Bosque de los Helechos Gigantes por el sendero corto, el sendero largo (recorrido de cuatro horas), visitas a las pinturas rupestres (Las Lauras), El Mirador, el bosque seco de influencia chaqueña, la selva alta húmeda de nogal, el río San Rafael y la Muela del Diablo, entre otros.
AMBORÓ
Creación. En 1973 (DS 11254) nació la Reserva Tcnl. Germán Busch en la región del Amboró. En 1984 (DS 20423) se creó el Parque Nacional Amboró, con 180.000 has. El 11 de octubre de 1991 (DS 22939) creció hasta las 637.600 has. Los límites fueron redefinidos el 3 de octubre de 1995, creando el Área Natural de Manejo Integrado (ANMI).
Ubicación. Está al este del departamento de Santa Cruz, en el ´codo de los Andes´, lugar en que la cordillera occidental cambia de rumbo en dirección sur. Su margen oeste limita con el Parque Nacional Carrasco, en Cochabamba.
Extensión. El Parque y el AMNI cuentan con una superficie de 637.600 has., de la cuales, 442.500 corresponden al Parque.