Muchos son los conceptos de corrupción utilizados para definir distintas situaciones y en algunos casos, la mayoría, son muy amplios como aquel que identifica a este flagelo a todo comportamiento que, de convertirse en conocimiento público, conduciría a un escándalo.
Hasta el momento, no se ha logrado, en el mundo, una definición uniforme y clara respecto a esta problemática lo que conlleva a la existencia de una serie de ideas confusas en el imaginario colectivo respecto al tema. De muestra bastan los cuestionamientos que surgieron a mi anterior artículo, en el que indiqué que comprar música pirata o entradas a un revendedor es corrupción. “Cómo va a ser corrupción comprar música pirata”, “comprar entradas de revendedor no es corrupción, es una actividad en contra del imperio”.
En Bolivia, después de haber logrado un consenso entre distintos actores sociales a través de espacios de debate, se definió este mal como todo comportamiento deliberado por acción, omisión o instigación, cometido por personas particulares o funcionarios públicos.
Este accionar va en contra de las normas, las leyes y el marco ético socialmente aceptado, que beneficia al que comete el acto y también puede favorecer a terceras personas, provocando un daño al bien común. La sumatoria de todas estas variables debe ser entendida como dañina al Estado.
En esta perspectiva, hay que entender el concepto de corrupción con distintos matices. Por una parte, se encuentra la “corrupción blanca”, que se emplea para referirse a prácticas que no son reconocidas como corruptas en algunas realidades por estar integradas en la cultura, pero que definitivamente lo son. En otro extremo se encuentra la “corrupción negra”, que tiene el mismo consenso, pero al revés, es decir, no existe duda alguna con que ciertas prácticas son definitivamente corruptas y, definitivamente, también lo son.
La disyuntiva del grado de corrupción estará, como el lector bien puede imaginarse, en la opción gris: lo que unos definen como “corrupción negra”, otros no la consideran como tal. Seguramente depende de la calidad valórica de las personas.
Dentro de este espacio gris de percepción se encuentra la corrupción que todos nosotros cometemos sin darnos cuenta. Es percibida por unos e ignorada por otros. Y, aunque suene contradictorio, esto es reflejado claramente por el comportamiento de nuestros representantes sociales quienes muestran grados importantes de corrupción en sus actos.
Esto se puede ejemplificar con la cooptación de algunos comités de Vigilancia en las alcaldías, en el ámbito municipal; o el cobro obligado de cuotas a “las bases”, para fortalecer organizaciones sindicales y gremiales, entre otros ejemplos. Sin
duda, lo anterior genera susceptibilidades internas que casi nunca son visibilizadas al exterior de las propias organizaciones.
Este hecho convierte la situación en un tipo de corrupción gris blindada, ya que la problemática tiende a no ofrecer soluciones por encontrarse fortalecida gracias a una concepción “santa” de la sociedad civil, que sería la idónea para luchar contra la corrupción.
El 9 de diciembre se celebró el Día Internacional contra la Corrupción. Es bueno que celebremos días como éste valorando la importancia de entender los distintos matices de la corrupción, como el que se acaba de describir.
*Jorge Dulón F. es cientista político y administrador público.
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