Conocí Puerto Presidente Stroessner allá por el año 1972, en un viaje que hacía por tierra a las cataratas de Iguazú. El tal puerto no era sino una avenida ancha atestada de contrabando. Imagino que algunos chupamedias bautizaron ese puerto con el nombre del dictador para ganarse su simpatía y, sobre todo, para tener las manos libres en los negocios. Por aquellos años, todo Paraguay era una suerte de zona franca, de piratería en tránsito a Brasil, Argentina y a Bolivia. Los militares, que detentaban el poder, recibían jugosas tajadas en ese comercio ilícito donde se compraban desde vehículos hasta whisky, cigarrillos y perfumes embriagadores. Eso era Puerto Stroessner, con sus 35 grados a la sombra.
Derrocado Stroessner entraron otros en la repartija del sabroso guisado. Naturalmente, como corresponde (muerto el perro muertas las pulgas), lo primero que hicieron sus sucesores fue cambiar el nombre de la ciudad. Se llamó Ciudad del Este. Se ha convertido, según sabemos todos, en una urbe importante, donde ya no sólo se encuentran automóviles o cigarrillos o whiskys caros, sino, también, algo más lucrativo: armas y droga. ¡Negocio redondo! Desde el más sofisticado fusil con mira telescópica o una bazuca, hasta la más pura cocaína, mariguana, hachís u opio.
Tal ha sido el contrabando de armas, droga, trata de niñas placenteras y todos los enseres eléctricos habidos y por haber, que la situación para quienes hacen negocios por esos pagos está llena de peligros. Los ajustes de cuentas no son pocos. Pero, además, las mafias internacionales han incursionado en esas tierras cálidas. Y lo peor: los terroristas tienen un territorio propio para adquirir cualquier arma letal que envíe al otro mundo al más cuidadoso. Algo más: Ciudad del Este está en la triple frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina. ¡Maravilla de maravillas! ¡Rutas de escape por donde se quiera!
Ahora resulta que, siempre siguiendo los malos ejemplos, en Bolivia se ha fundado Puerto Evo Morales, en un lugar que se llamaba Montevideo. No hay acta de fundación de Puerto Evo, por supuesto. Pero algunos chupamedias le pusieron el nombre y ¡ya! Puerto Evo debe ser unas cuantas chozas y nada más. Como Ciudad del Este, está también junto a un río y próximo a las fronteras con Brasil y Perú. ¡Óptimas condiciones para el bandidaje!
Puerto Evo se ha hecho famoso con el escándalo del contrabando donde el mayor implicado es el Ministro de los 33 Camiones. El M-33C. En España hay un 28-F, en EEUU un 11-S, y aquí, para abreviar, un M-33C. El M-33C está con la vida complicada, pero tiene el apoyo absoluto de S.E. Parece que por Puerto Evo no ha pasado sino contrabando inocente todavía: heladeras, cocinas, línea blanca en general. Pero cuando empiece a entrar a Brasil la otra “línea blanca”, aquella pura y dura que hace voltear los ojos, entonces el crecimiento del puerto va a ser sensacional. Brasil va a tener que trasladar a parte de su ejército al lugar, porque donde hay comercio de cocaína no está ausente el tráfico de armas, y ya podemos irnos preparando para alguna novelita que va a provocar tumultos.
Curiosamente, como en el viejo Puerto Presidente Stroessner, ahora suenan nombres de militares también, fuera del camionero Jesús Chambi Mamani que ya es personaje pintado para un relato. Un ex mayor (M-33C), un almirante que funge de Prefecto, y generales que han pasado o están en la Aduana, denuncian o se enseñorean en la zona. La cosa está fea. Esto puede acabar mal. ¿Por qué tantas coincidencias con lo que sucedió hace años en Paraguay? ¿A quién se le ocurría lo de Puerto Evo? ¿A los mismos que se les ocurrió declarar Orinoca monumento nacional? ¡Cuidado Presidente! Los dioses cubren la vista y la sesera a los hombres cuando están en el poder.
M-33C dice que no va a permitir que lo investiguen. Jesús Chambi se contradice con los periodistas, en una aparición misteriosa en el Parlamento. Y S.E. muere de ira.
*Manfredo Kempff S. es escritor y diplomático.
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