WALDO ALBARRACÍN dejó ayer el cargo de defensor del Pueblo. Aseguró que su relación con el Gobierno fue distante y se lamentó por no haber podido evitar tantas muertes.
Waldo Albarracín cumplió ayer su gestión de cinco años como Defensor del Pueblo y dejó su despacho. Antes presentó su informe a los medios y diversas entidades. En una entrevista con La Razón relató sus logros y frustraciones. En su lugar quedó Rielma Mencias, quien ejercerá el cargo interinamente.
¿Cuál es su mayor logro como Defensor del Pueblo? Yo diría la fortaleza institucional, en el sentido de que es impermeable a la agresión política, que si la hay, no la ha afectado en su criterio, en su opinión, en su actuación y sobre todo en la defensa de los Derechos Humanos.
En consultas y encuestas, la entidad es, entre las instituciones públicas, la más confiable, la más creíble y la más transparente, y es fundamentalmente la que le ha dado un paraguas de protección a la ciudadanía.
Lo que pasa es que a veces se evalúa al Defensor sólo por los conflictos, pero los conflictos son sólo una parte de la realidad. La vida cotidiana de gente, que viene a buscarnos más o menos en un promedio de 16 mil quejas al año, no es algo que me alegre, pero muestra que la población ha ido tomando más confianza, eso no quiere decir que no hemos tenido fallas naturales. Creo que la institución no podrá ser allanada por la politiquería.
Si pudiera identificar una gran frustración en su gestión, ¿cuál sería y por qué? El no haber evitado, no haber logrado los derramamientos de sangre. Hubiese querido que hayan menos muertos, pese a estar en Huanuni (como interlocutor). Las dinamitas estaban pasando por mi cabeza y hubiésemos querido que hayan menos muertos, no queríamos muertos en Porvenir, ni en la Calancha ni en otro lugar. Ésa es mi frustración, porque ¿cómo devolverle a una madre su hijo? Estas desgracias tienen que servirnos para aprender.
¿Ha pensado en postularse nuevamente al cargo? La posición inicial, según habíamos pensado, era de no postularse, de cumplir ciclos, pero tengo un temor, el que (la oficina del Defensor del Pueblo) sea invadida a través de una vinculación política, y eso le haría daño. No he definido de manera taxativa no postularme; la idea es ésa, pero hay que ver cuál es el nivel de predisposición en los niveles donde se elige al Defensor.
¿Le ha tocado también jugar un papel político? Sí, en realidad es una actividad política y no hay que abochornarse, porque no es una función partidaria, ésa es la diferencia. Política porque intervienes en democracia, en tema de elecciones, tratas de ayudar a conciliar a los políticos, eres político en el buen sentido de la palabra pero jamás he sido partidario, y lo digo con absoluta seguridad, y quizás por eso la gente del Gobierno nos tiene una antipatía y también la oposición. Creo que ahí está la prueba, que nos reclaman de favorecer al otro o el no estar con ellos. Cada quien tenía su propio discurso y quería que el Defensor sea una entidad antigubernamental o paragubernamental. Para que la gente crea es necesaria la independencia política.
¿Cuáles son los casos del ámbito nacional que le han impactado más y por qué? Como decía, los conflictos, Huanuni, La Calancha y Pando, por la impotencia de no poder hacer más de lo que he hecho y me frustra ahora el hecho de que no se adviertan sendas o rutas claras para que se juzgue y no se quede en la impunidad. Tengo el temor de que esto engrose la lista de muchos otros casos que se han quedado en la impunidad.
¿Usted ha recibido presión política o sectorial en alguna oportunidad? Sí y no sólo una vez, sino muchas de parte de los dos lados, no te olvides que acá, a las puertas del Defensor, han venido los Cerrudos, los Mora a patear puertas, a exigirnos que no defendamos los derechos, porque ellos interpretan que defender a su adversario es también parcializarse. Pero también del otro lado, constantemente los senadores, los prefectos o cívicos nos reclaman, eso es natural, nosotros nunca nos hemos indignado por eso, jamás hemos respondido a cualquier insulto recibido.
¿Cómo ha sido su relación con el Gobierno en este tiempo? Distante, en algunos casos concretos hemos coordinado. Por ejemplo con el Ministerio de Justicia lo hicimos en temas específicos, pero en general, con el Presidente he hablado dos veces desde que fui Defensor, y con el Vicepresidente también; de hecho hoy día (ayer) se me ha concedido una audiencia.
En el plano social, cite tres casos que más le han conmovido durante su desempeño. Vuelvo a Huanuni, donde incluso lloré por no haber podido evitar las muertes. Otro caso doloroso fue cuando estuve en Sudáfrica, lejos del país, y me enteré de que habían muertos en Sucre y por mi desesperación tuve que agarrar un teléfono y pedir una conferencia de prensa para que me escuchen ustedes (periodistas) y transmitan al país mi pedido a gritos de que la Asamblea Constituyente deje de sesionar, porque estaba provocando violencia. Finalmente, está el dolor de las personas que viven con insuficiencia renal, y que pese a las acciones legales es de no terminar.