En este domingo especial es pertinente hablar del exitoso programa contra el analfabetismo, porque Bolivia acaba de dar su última batalla contra ese flagelo, por lo menos según los optimistas informes del Gobierno.
Ahora, gracias a esta campaña instantánea, Bolivia ha logrado en pocos meses lo que no pudo conseguir en 183 años de existencia de la República, ni pudieron lograr decenas de ministros de Educación, ni miles de maestros, trotskistas o no.
Pero hay que cuidar mucho las apariencias. Para comenzar, resulta inverosímil que semejante tarea se hubiera logrado en tan poco tiempo. La fantasía parece sugerir que los maestros venezolanos, ayudados por los cubanos, pueden lograr en pocos meses lo que miles de maestros bolivianos no pueden hacer con su trabajo de todos los días durante muchos años.
No vaya a ser que ocurra como con el caso del ciudadano boliviano al que unos médicos cubanos le sacaron el único riñón que tenía sano. Los médicos bolivianos tuvieron que esmerarse para buscar un riñón de reemplazo.
Otra apariencia que hay que cuidar es la capacidad de lectura del presidente Evo Morales. Tendría que practicar un poco. Aquel famoso martes 9 de diciembre, cuando el Primer Mandatario decidió humillar al periodista Raphael Ramírez, de La Prensa, quedó claro que el político que nos gobierna es muy soberbio, que detesta a los periodistas, que tiene unos fanáticos seguidores capaces de aplaudir cuando él está sometiendo a tortura pública a un ciudadano, pero que no sabe leer.
Si los canales de Tv fueran realmente perversos, como sugiere el Primer Mandatario, hubieran hecho todo un deleite para los televidentes repitiendo todos los tropiezos que tuvo en la lectura de los dos párrafos que quería criticar. Y si fueran todavía más perversos podrían pedir que la campaña contra el analfabetismo se proponga también declarar al Palacio Quemado “territorio libre de analfabetismo”.
Hay que aclarar, sin embargo, que saber leer no es requisito para saber gobernar. Lo que se vio el martes es que saber leer es requisito para poder ofender, si la ofensa consiste en leer en público.
Saber leer o tener una educación universitaria tampoco es garantía de que vas a ser un buen gobernante. Según el Financial Times de Londres, el doctor en economía Rafael Correa está mostrando que también con ese título se puede cometer errores en política económica. Lo dijo a propósito de la decisión de Correa de declarar a su país en moratoria respecto de la deuda externa. Los perjudicados, dijo el famoso diario, serán al final los más pobres de Ecuador. Es decir, traduciendo, que Correa está demostrando que se puede tener Phd y ser un imbécil, todo al mismo tiempo.
Pero, eso sí, nuestro Presidente tendría que esmerarse en practicar a leer, sobre todo si se propone volver a dar el espectáculo de humillar a alguien leyendo en público algún texto. Los errores que comete al hablar sin leer son pasables y el público ya se ha acostumbrado. Lo que no puede pasar inadvertido es un error de lectura. Él improvisa mejor que lee. Al revés de lo que le ocurre a George Bush.
Y una pregunta final: ¿Raphael Ramírez estaba con los zapatos puestos cuando fue ofendido? Hay periodistas que son más rápidos con sus zapatos. Él también tendría que practicar.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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