No deja de ser curioso que un director de cátedra desconozca un detalle fundamental, básico, de su materia. Y sin embargo, precisamente de eso peca el artículo de Juan José Tamayo publicado por el periódico La Razón el pasado domingo 14 de diciembre. En un intento sutil de desprestigiar al cardenal primado de España, Tamayo utiliza un recurso desgastado en los multiseculares ataques a la Iglesia. Y sin embargo, dicho recurso sigue funcionando bastante bien, porque se basa en falsas buenas intenciones.
Tamayo titula su artículo Cristofobia episcopal y en él desarrolla la idea de que el mencionado cardenal y otros obispos españoles, al criticar las medidas claramente anticristianas del Gobierno español, se comportan como enemigos de Jesús de Nazaret. Cita una larga lista de personajes históricos que manifestaron su admiración pública a la persona de Jesús de Nazaret y su desprecio —también público— a la Iglesia. Éste es el recurso mencionado al principio: pretender hacer una diferenciación entre Jesús y la Iglesia Católica. Presentarla como una institución corrupta que ha pervertido el mensaje de Jesús de Nazaret. En pocas palabras: Jesús sí, Iglesia no.
Sin embargo, es curioso que un director de cátedra de una prestigiosa universidad haya omitido a un personaje histórico más importante, que también había manifestado públicamente su desprecio a la Iglesia, e incluso la persiguió con mucha decisión. Fue un judío, nacido en Tarso hace 2.000 años: Saulo, más conocido como San Pablo. Cuando este perseguidor de la Iglesia iba a la ciudad de Damasco para apresar a los cristianos ocurrió algo extraordinario. De una luz brillante, que lo rodeó y lo hizo caer de su caballo, escuchó esta pregunta: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?# Saulo preguntó: ¿quién eres, Señor? La voz le respondió: “Yo soy Jesús, el mismo a quien estás persiguiendo” (Hechos 9,4-5). Desde ese momento Saulo se convirtió y se convirtió en apóstol, el apóstol de los gentiles.
Con esta cita bíblica lo que se busca es demostrar que el Jesús de los Evangelios (los Hechos de los apóstoles está escrito por el evangelista San Lucas), cuya voz escuchó San Pablo, no le dice que está persiguiendo a los suyos, sino le dice que al perseguir a la Iglesia por él fundada, Pablo estaba persiguiendo al mismísimo Jesús de Nazaret. Él se identifica con esa misma Iglesia, que existe ininterrumpidamente desde hace 2.000 años.
Y si alguien se pregunta por qué es necesario responder a un catedrático español que habla de España, si nosotros estamos en Bolivia, es porque el Gobierno nacional también ha empezado una campaña de desprestigio hacia esa Iglesia bi-milenaria fundada por Jesús y con la cual él mismo se identifica. Pero aquí me detengo, porque a diferencia del señor Tamayo mi especialidad no es la teología, aunque no necesito ser experto para conocer este detalle bíblico fundamental.
*Jorge Eduardo Velarde R. es cientista político.
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