El último domingo de enero, de nueva cuenta a las urnas. Otra vez referéndum, consulta o plebiscito, un ejercicio que acontece por cuarta vez en los últimos años, desde que se desató la crisis política hace unos añitos. Esta vez es para votar por primera vez —los ciudadanos— si queremos nueva “consti” o no, aquella que no pudo ser concertada en la Asamblea Constituyente pero sí retocada en octubre del año pasado, cuando se produjo el acuerdo político en el Congreso mientras Aurora, el equipo del pueblo, se encaminaba a la conquista del campeonato. Y ahora, como corresponde, las estrategias electorales de uno y otro bando están en marcha, pero esta vez con traje de medioevo, con cirios y velos, y hasta lágrimas de santos para invocar un voto negativo con la peor de las razones, la sinrazón de la fe. Casi tan absurdo como cuando los oficialistas suponen que ch’allando las arcas públicas se llenarán de recursos y que el Ekeko será más eficaz que el Gobierno para atraer inversiones. De algunas habilidades de esa deidad estoy seguro, pero no de las terrenales.
La mayoría de mis colegas, algunos amigos y otros tampoco, andan publicitando sus razones para votar al No. Con argumentos, y hasta jurídicos. Yo que no soy versado ni converso tengo otra posición, y no la asumo solamente por hacerme al cochabambino sino porque existen otros motivos para seguir apostando a algo que no huela a blanco y negro. Así que sostengo tres razones y su yapa para votar positivamente en el referéndum constituyente.
En primer lugar, los costos políticos y sociales de la implementación de la nueva CPE son menores a los de la interrupción del proceso constituyente, porque la demanda de Asamblea Constituyente de los sectores campesinos e indígenas habrá sido resuelta, algo tan necesario como el inicio del proceso de descentralización estatal con autonomías departamentales.
En segundo lugar, las enmiendas al proyecto oficialista y la convocatoria legal del referéndum constituyente conforman el primer pacto entre oficialismo y oposición que tiene eficacia decisional y permite encauzar institucionalmente la disputa política al circunscribirla al espacio parlamentario, donde se elaborarán las leyes para su implementación.
Finalmente, con los cambios introducidos en el proyecto oficialista se han atemperado algunos excesos de la nueva CPE y otros aspectos negativos pueden ser encarados de manera racional en la elaboración de las leyes, lo que exigirá nuevos esfuerzos de concertación si se mantiene el pluralismo en la representación política.
Este principio de pluralidad es otro motivo de mi voto por el Sí, porque los comicios generales a realizarse en diciembre del 2009 abrirán una oportunidad para que la oposición articule fuerzas, redefina su composición y elabore propuestas alternativas para mantener su vigencia y construir una posibilidad de alternancia política. Y eso tendrá que demostrarlo en las urnas, un camino al que apostó el MAS —y sobre todo Evo Morales— desde su incursión en la política cuando la alternancia en el gobierno no parecía posible, ni deseable para algunos. Hasta que la gente empezó a votar, votar y votar.
*Fernando Mayorga es sociólogo.
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