La decisión brasileña de reducir sus compras de gas en volúmenes inciertos y la negativa argentina de acoger esos volúmenes ha provocado pánico en el Gobierno boliviano, pues amenaza su revolución que consiste en regalar a la gente el dinero que genera el gas. Otro que está en pánico ahora es Hugo Chávez, cuyo fervor revolucionario disminuye conforme baja la cotización del crudo en el NYMEX de Nueva York. Lejos está 1825, cuando Simón Bolívar se trepó al Cerro Rico para proclamar la independencia de toda la región a pesar de que el precio de la plata había comenzado a caer. Revolucionarios eran los de antes, que no se guiaban por las cotizaciones de las materias primas.
Lo peor del mensaje brasileño fue la oportunidad. El Gobierno boliviano acababa de hacer un descubrimiento: para que las petroleras inviertan, hay que tratarlas bien. Las petroleras estaban satisfechas con el nuevo trato, consistente en la devolución de impuestos excesivos cobrados en el momento del mayor ímpetu revolucionario. La devolución no afectaría la revolución, decían quienes sostienen que es hora de ocuparse de la gestión.
Con el anuncio brasileño, las petroleras tendrán motivos para dudar. ¿Para qué producir más gas natural en Bolivia si no hay mercado?
Todos saben que en Brasil está ejecutándose el Plangás, que consiste en aumentar la producción interna para sustituir el gas boliviano lo antes posible. Ese plan debía estar listo este año, pero Petrobras anunció en octubre pasado que se había retrasado un poco y que Brasil podrá prescindir del boliviano sólo en 2010. (Un lector de O Globo dijo este sábado: ¿quién compraría un auto en Brasil para usar gas boliviano, un país tan inestable?)
Por lo tanto, la decisión de reducir los volúmenes de importación tiene relación con ese plan. Hay una discusión en la prensa brasileña sobre si el mínimo obligatorio para las compras es de 70% o de 80% del volumen máximo, es decir si es 19 millones o 24 millones de metros cúbicos. Toda una delegación de ministros bolivianos fue a Brasil y consiguió que la reducción de las compras no sea de 30%, sino de 20%.
Para Brasil, esa diferencia consiste en que comprando sólo 19 millones de metros cúbicos iba a ahorrar 600 millones de dólares al año mientras que comprando 24 millones de metros cúbicos ahorrará 350 millones. Ésa es la magnitud del dinero que Bolivia dejará de recibir.
¿Vender gas a Chile? El Gobierno no lo descarta. Sus técnicos están analizando qué ductos se utilizarían para ese propósito.
Pero hay quienes miran la situación sin entrar en pánico. Son los que saben que el verdadero blindaje de la economía boliviana no proviene de actividades económicas legales.
Esta vez es la relación entre la explotación de un recurso natural renovable (ilegal) y la revolución. En este momento, el narcotráfico es la única actividad económica boyante. Los únicos cultivos que crecieron en 2008 fueron los de la coca. Ahora tenemos cocales ilegales en Chapare, Yapacaní, San Julián, Parque Amboró, Caranavi y Rurrenabaque.
Con cada referéndum, el año pasado surgió una nueva zona cocalera en Santa Cruz. Este soborno político operó en Yapacaní con el referéndum de junio y en San Julián con el de agosto.
Para este año se anuncian cinco referendos.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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