La demanda de la autonomía siempre ha sido la lucha de la izquierda, como una forma de autodeterminación de los pueblos explotados por el capital; en otras palabras, era concebida como la liberación de la explotación capitalista. Por eso Marx, Engels y Lenin escribieron textos enteros sobre la necesidad de que los trabajadores luchen por la autodeterminación de los pueblos.
Pero también en los últimos tiempos la autonomía fue reivindicada por el movimiento indígena como una forma de respeto y reconstitución territorial y cultural frente a estados nacionales
homogeneizantes en términos culturales, políticos, económicos y jurídicos, es decir, una imposición de una concepción social del mundo eurocéntrica.
Sin embargo, en Bolivia, la demanda de la autonomía fue expropiada por la derecha y convertida en una reivindicación para defender el capital y, sobre todo, las
grandes extensiones de tierras adquiridas en los tiempos de gobiernos dictatoriales. Por ello, han convertido a la autonomía en una posición separatista con tal de defender dichas propiedades. En ese sentido, se tergiversó totalmente el espíritu de la autonomía.
Por todo esto, nos parece interesante que el Gobierno haya decidido rescatar la autonomía de la derecha para aplicarla conforme a los principios de la autodeterminación de los pueblos. La decisión del Gobierno de: a) Constituir un Consejo Autonómico para la redacción de una ley marco de autonomías; b) Crear un ministerio que coordine todos los asuntos sobre las autonomías; c) Compatibilizar los estatutos autonómicos de las cuatro regiones con el texto constitucional y realizar el referéndum sobre autonomías en los departamentos que han votado por el No sobre el proceso autonómico.
Los lineamientos señalados por el Gobierno, sin lugar a dudas, permitirán que nuevamente todas las organizaciones e instituciones progresistas tomen el mando de la lucha por la autodeterminación y/o autonomía de los pueblos, donde pueden construir sus estatutos autonómicos conforme a los intereses generales antes que a intereses de particulares, de cierto grupo oligárquico.
En ese sentido, la autonomía indígena, regional y municipal tranquilamente convivirá dentro o al interior de la autonomía departamental. No significa, por ningún motivo, la fragmentación territorial ni cultural del departamento. Cada pueblo, cada organización podrá desarrollar con plenitud su soberanía, su libertad, conforme a sus concepciones sociales del mundo. Esto significa que las prácticas políticas, económicas, jurídicas y culturales sean de reconocimiento nacional, sin ningún tipo de jerarquizaciones ni subordinaciones.
Por lo tanto, la implementación de la autonomía significa la convivencia y la posibilidad de potenciamiento de diversas culturas y prácticas económicas, políticas, jurídicas e idiomáticas en un territorio geográfica e históricamente constituido a partir de 1825.
Evidentemente, esto rompe con el antiguo concepto de nación, en el que se definía a partir del idioma, de la cultura, de la historia común. El nuevo concepto de nación será para los académicos como la diversidad de idiomas, historia, culturas, donde coexisten en un territorio históricamente constituido.
*Félix Patzi P. es sociólogo. Actual Secretario General de la Prefectura de La Paz. de Educación (2006 - 2007).
Lo que no dice...
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