Si las autoridades gubernamentales hicieran una correcta y desapasionada evaluación del tono en que Bolivia lleva adelante sus relaciones internacionales, seguramente llegarían a la conclusión de que están incurriendo en una conflictividad inconveniente dentro de este campo, en el que se pone en juego no sólo el prestigio de la diplomacia nacional sino también los intereses comerciales.
Admitirían, por ejemplo, que la propuesta de la Unión Europea (UE), de negociar con la Comunidad Andina de Naciones (CAN) un amplio acuerdo de asociación, tuvo un carácter amistoso y de cooperación en vez de perseguir la intención de afectar a nadie.
En este caso, es honesto recordar que fue Bolivia la que creó un ambiente de malestar, cuando apenas empezaban las negociaciones sobre un acuerdo comercial de bloque a bloque. Entre otras observaciones, hizo cuestión primordial del tema de la cláusula relacionada con el respeto a los derechos de propiedad.
Puede ser que ideológicamente sea cuestionable ese punto, pero también hay que considerar que la inclusión de este compromiso está generalizada en los tratados comerciales del mundo entero. A modo de ilustrar sobre tal justificación, se debe tener en cuenta que para producir o crear cualquier innovación se realizan costosos gastos de investigación científica. Por tanto, el respeto a los derechos de propiedad es indispensable porque, de otra manera, imperarían las falsificaciones y esto determinaría que se dejen de investigar y producir nuevos productos al no recuperarse sus costos. Con ello, se detendría el progreso de la humanidad.
Frente a la postura boliviana, que fue la discordante en las referidas negociaciones de bloque a bloque, la UE aceptó algo que no deseaba: el acuerdo comercial en forma bilateral, con países andinos que así lo quisieran, y dejar los convenios de cooperación y de diálogo político para la modalidad de bloque a bloque, lo que la Cancillería tampoco aceptó.
Con estas posturas, el Gobierno puso en situación crítica a la CAN y, no conforme con eso, lanzó acusaciones ofensivas contra la UE, como aquellas de que trataría de sacar ventajas comerciales y de atentar contra la unidad de la subregión andina. A Bolivia le está faltando moderación en estos asuntos internacionales.