Una cifra dice mucho, pero para algunos depende del color. Por lo menos en criminología, que distingue entre cifra negra y cifra dorada prestando atención a la diferencia entre delitos perpetrados y los que no son de conocimiento oficial, y entre estos y aquellos que no ingresan al sistema judicial porque existen factores externos que impiden su seguimiento. Pero no vamos a hablar de delitos, tampoco de errores.
El título de esta columna invoca el porcentaje de asistencia electoral registrado en la consulta del domingo 25 de enero, cifra a la que no le prestaron mucha atención los medios de comunicación y que debe constituir una suerte de marca mundial, y no importa si queda o no registrado en el libro de Mr. Guinness. Es lo de menos. Su valor resalta si comparamos algunos datos. Según Claudio Fuentes y Andrés Villar, la participación electoral a nivel mundial subió notablemente del 61%, en los años cuarenta, al 68% en la década de los ochenta, descendiendo al 64% a partir de 1990. Por continentes, la mayor participación se registra en Europa con cifras superiores al 70%, seguida por nuestro continente con 60%, y luego Asia meridional con 58% y África, que apenas supera la mitad.
En nuestro país, Salvador Romero ha realizado un análisis al respecto: un recuento de los porcentajes de participación electoral muestra un promedio de 77,2% de asistencia a las urnas entre 1979-2002. Una explicación que vierte es que las elecciones presidenciales aparecen como un momento decisivo en la política nacional porque los partidos y la ciudadanía le proporcionan máxima atención. Empero, por lo visto, también la crisis política sería un acicate al respecto porque ese promedio se incrementó en el 2005, cuando el porcentaje de participación en las elecciones tuvo una concurrencia cercana al 85%. Tendencia que se reprodujo inclusive en comicios que no pusieron en juego el poder político, como en el caso de las elecciones para la Asamblea Constituyente con una asistencia superior al 80%. Y esto continuó el año pasado, porque en el referéndum revocatorio de mandato prácticamente se reeditó el porcentaje de participación de diciembre del 2005.
Y ahora, con lucecitas propias, inauguramos este año con un salto con garrocha que nos hace pasar la barrera del 90% y no era para elegir autoridades sino para ratificar o reprobar un proyecto de nueva Constitución. Y si alguien cree que esto se debe al carácter obligatorio del voto, se equivoca de plano, porque sabemos que el grado de aplicación de sanciones es similar al de una infracción de tránsito. Y para mayor muestra, vale mencionar los votos blancos y nulos, porque pueden expresar un cumplimiento del deber pero un rechazo a los temas en juego. Así, en las elecciones del 2005, los blancos llegaron a 3,9% y los nulos a 3,4%, figura que se repitió casi tal cual en el referéndum revocatorio respecto a votos blancos y apenas subió en nulos. En enero pasado, los nulos llegaron a 2,6% y los blancos apenas al 1,7%, las cifras más bajas de esta historia, porque fue en 1993 que alcanzaron su menor votación: 2,1% de blancos y 2,6% de nulos. Para Salvador Romero, este hecho pudo deberse a la estabilidad política de los años noventa; sin embargo, el referéndum constitucional, así como el revocatorio, se realizaron en contextos de crisis política, fractura regional y polarización ideológica. Lo que quiere decir que alguna esperanza tenemos los bolivianos en las urnas. Eso lo expresamos nueve de cada 10 bolivianos. Esto sí que es indeleble, ¿o no?
*Fernando Mayorga es sociólogo.
“Mérito” de la lucha contra la inflación
El Ministro de Hacienda (ver La Razón del 01/02/09) ha resaltado el supuesto “éxito” de la política antiinflacionaria que, según él, logró que la inflación, a diciembre del 2008, no pase del 11,8%, a contrapelo de las estimaciones de los “expertos fugaces” y/o políticos que preveían una inflación mayor.
Con nueva Constitución
Este sábado, finalmente, se promulgará la nueva Constitución. Con su entrada en vigencia tendría que concluir, al menos en teoría, el largo debate político que enfrentó al país durante casi tres años.
Un eslabón MAS
Hace tiempo que andaba sin agua ni rumbo, como las tropas del ridículo Hilarión Daza en el desierto de Camarones, en el empeño de escribir una novela con el trasfondo de la corrupción en Bolivia.
El Cardenal y el Presidente...
Martes 3 de febrero del 2009. El Cardenal va a quirófano. El Presidente también. ¡El mismo día! El Cardenal fue operado desde las 8.27 hasta las 12.40. El Presidente, al mediodía. ¡Estuvieron en quirófano al mismo tiempo! ¡Qué coincidencia!