En el sentido venezolano de la palabra, me arreché con un despacho sobre el mal manejo de la economía en Bolivia, provocando más deuda en un país muerto de hambre y mal administrado, presidido por mandatario indígena que tiene obnubilado a medio mundo con su blablá.
Según un informe de la Fundación Jubileo, el endeudamiento público en el país ha aumentado significativamente durante los últimos años. El nuevo endeudamiento total neto del país en el sector público alcanza al equivalente de más de 1.000 millones de dólares. La mayor parte en endeudamiento interno, que “entre otros motivos… sugiere una deficiente distribución y asignación de recursos públicos de acuerdo a obligaciones y competencias”.
En vez del “¿es un avión?”, “¿es un ovni?” que asombradas gentes proferirían al ver la caricatura del rechoncho Ministro de Hacienda en disfraz de Superman volando con bolsas de dinero en las manos, en el contexto del tufillo actual en YPFB debería mover a preguntar: “¿es una coima?”. Con el informe en cuestión será pertinente: “¿es una malversación?”.
Sostengo que para ver lo que vendrá en el régimen de Evo Morales, basta mirarse en el espejo de Hugo Chávez. Me ratifico, después de enterarme de la danza de millardos de dispendio y corrupción del autócrata de la patria de Bolívar. Premonitorio del mañana de Bolivia es el documentado reportaje Venezuela: La corrupción del siglo XXI de Paloma Casanueva.
Que la corrupción no sea cosa nueva es rasgo común a ambos países. En la patria de Bolívar “los casos más graves de corrupción durante la etapa democrática criolla han ocurrido durante los dos mandatos del presidente Hugo Chávez”, vinculados “al alto precio del barril de petróleo, a la especulación con el control cambiario y a la escasa rendición de cuentas por parte del Gobierno”.
La Venezuela de Hugo Chávez está segunda en el listado de países corruptos de América Latina, después de Haití. Analistas venezolanos lo atribuyen al aguacero de petrodólares. En 10 años al frente de la nación, le han llovido unos 700.000 millones de dólares, 60% de los cuales unos 400.000 millones son ingresos petroleros: “sólo en 2008, el ingreso petrolero bruto fue de 100.000 millones de dólares”, dice un entendido. Comparen con el presterío de pobre del dispendio de Evo Morales, que con 7.000 millones de reservas, una centésima parte de lo que dispone el déspota del Orinoco, ya se comporta manirroto como Inca de Orinoca.
Los casos más comunes de corrupción a nivel mundial se encuentran en gobiernos adquiriendo bienes y servicios, y adjudicando contratos. Los delitos más habituales “se centran en la falta de transparencia en adjudicar una obra pública, sin pasar por un proceso de licitación adecuado y regulado”. En Venezuela las adjudicaciones directas “a dedo” son comunes; también la artimaña de firmar contratos con sobreprecio. ¿No ocurre lo mismo en la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC)? Para cosas nimias se alardea de transparencia, logrando un ISO no-sé-cuántos en sus trámites. No obstante apenas fue ventosidad sospechosa su respuesta a reclamos de entendidos, sobre el millonario sobreprecio en adjudicar a dedo el camino Villa Tunari-San Ignacio de Moxos.
Favorece el aumento de la corrupción en Venezuela la ausencia de control administrativo en el Gobierno, reacio a rendir cuentas. “La transparencia brilla por su ausencia y los ciudadanos tienen un acceso restringido a la información pública”. Ejemplo es su presupuesto de 2008, con subvaloración del precio del barril de petróleo: “el promedio del
barril fue de 100 dólares, y el presupuesto fue calculado 65 dólares menos el barril”. No hay informe o auditoría que certifique dónde se destinó esa diferencia, “estimada en miles de millones de dólares”, asevera la directora de la sección venezolana de Transparencia Interna- cional. PDVSA es el caso más penoso. “Existe una falta de información confiable sobre la producción y el ingreso petrolero desde 2001 en Venezuela. PDVSA dejó de publicar sus estados financieros anuales consolidados en 2003”, explica otro analista.
Bolivia no ha llegado todavía a tal extremo. El régimen de Evo Morales se abocó a fuegos de artificio de contraproducente falsa nacionalización, a shows mediáticos de ocupación militar y acoso de ejecutivos extranjeros. Pero ha emasculado a la Contraloría. Mediante decretos de excepción, desarmó la estructura de control con el pretexto de “acelerar” contratos. Se concedieron 1.000 millones de dólares de las reservas a YPFB. En talego abierto hasta el justo peca, algo que no era el “santo” encarcelado. Resultado es la seguidilla de delitos. En una primera de muchas plantas de gas que deben contratarse, la ambición rompió el saco y se dio el “volteo dentro de un tumbe”, conocido por un asesinato quizá fortuito. ¿Acaso no vino precedido de avivada fallida de su primer presidente, el abuso playero del segundo, la impotencia del tercero (quizá por no estar “en la pomada”) y la estulticia ignorante del cuarto?: ¡seis presidentes en tres años!
La especulación cambiaria generalizada en Venezuela, en Bolivia tiene paralelo con el absurdo de mantener un dólar barato, mientras los países vecinos han devaluado sus monedas. Va de la mano con la decapitación de promociones militares, su posterior cooptación con talegazos y juguetes bélicos, las misiones cubanas, el acoso por turbas sociales y gamberros pagados, la referenditis y la eleccionitis, el derroche y la ineficiencia, el apego a la propaganda y al show mediático, el descuido de la economía, ¿acaso no son copias burdas del experimento chavista?
El rezago entre lo que pasa en Venezuela y la aplicación del libreto chavista en Bolivia se ha ido acortando. Quizá con la crisis mundial sus charlatanes se apuran al ver la bíblica escritura en la pared presagiando su final.
*Winston Estremadoiro es antropólogo.
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