El Poder Ejecutivo ha conminado al Congreso a aprobar su Régimen Electoral Transitorio y ha decretado que el registro electoral de bolivianos en el exterior se hará en sus agencias consulares. Ambos elementos, unidos al Padrón Electoral, el “voto comunitario” y una Corte Nacional Electoral incondicional, componen un dispositivo que dará a Evo el control de todo proceso electoral. La perpetuación del régimen Morales es cuestión de tiempo.
El parcialismo de la Corte Electoral y la contaminación del padrón son problemas de larga data y es un hecho que las “carnetizaciones” preelectorales fueron un recurso de uso común por anteriores gobiernos. Pero nunca antes hubo un órgano electoral tan funcional, que operara procesos inconstitucionales y que encubriera el desarrollo irregular de los mismos.
Tampoco se vio antes que la cedulación de ciudadanos adquiriera dimensiones tan fraudulentas o que el sindicalismo rural usurpara de modo tan sistemático el derecho a elegir individualmente. La carnetización múltiple y masiva de militantes masistas, perpetrada bajo la cubierta del programa de identificación “Existo yo, existe Bolivia”, y el condicionamiento sindical del voto, disfrazado con el concepto lírico de “voto comunitario”, son fenómenos incorporados por el régimen Morales. Imposible obviar que en el 2008 se repartieron carnets de identidad en casas de campaña del MAS y que en áreas rurales bajo control sindical el sufragio en los últimos referendos fue de todo, excepto libre y secreto.
Estos fenómenos, minimizados por la CNE como “atipicidades subsanables” y “sin incidencia” en el cómputo global, tienen un efecto de conjunto sobre los procesos electorales que se está soslayando deliberadamente:
1. La disposición de la CNE a administrar consultas sin control de constitucionalidad, permitió al Gobierno ir en ventaja a verificativos inequitativos. El artículo 9, numeral II de la Ley N° 3850 —del referéndum revocatorio— estipula que, de ser revocados, el Presidente y el Vicepresidente aun disponían de seis meses de gracia para permanecer en el cargo, antes de convocar a elecciones generales.
2. La carnetización irregular y masiva permitió al Gobierno proveer a sus afines de más de una identidad o suplantar a otro ciudadano ausente o fallecido, contaminando el Padrón Electoral en una medida indeterminada. Nadie hace fraude para perder, así que la tesis de Exeni de “fraude mínimo” es un insulto al sentido común.
3. El control sindical en circunscripciones rurales permitió al Gobierno garantizar resultados absolutos que sustentaran la ficción del “primer presidente indio” y de un país de mayorías indígena-rurales en una Bolivia de predominante composición mestizo-urbana.
A ello debemos sumar ahora la amenaza de que el registro electoral en el exterior sea una mala réplica de la cedulación gratuita que agrave la contaminación del Padrón Electoral y el riesgo de que el Congreso apruebe una Ley de Régimen Electoral Transitorio cuya “disposición transitoria primera” habilita a Evo Morales —escuche bien— a prorrogarse ocho meses en el poder, hasta agosto del 2010, aun si pierde los comicios generales.
Con una Corte Nacional Electoral enajenada, un Padrón Electoral contaminado y un electorado rural rehén de la dictadura sindical, lo único que no necesitaba la democracia boliviana era la injerencia del Gobierno en el proceso de habilitación para el voto de los residentes en el exterior y la imposición de una Ley Electoral a medida de la intención de Evo Morales de perpetuarse en el poder —Manfred dixit— “por las malas o por las mañas”.
*Erick Fajardo P. fue asesor de Manfred Reyes Villa en la Prefectura de Cochabamba.
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