Dos senadores del MAS decidieron retirar sus firmas de un documento que acababan de suscribir. El anuncio es fácil, pero es difícil imaginar cómo se procede en este caso.
¿Cómo se retira una firma? Llevas una tijera y haces un hueco en el papel, y te llevas tu firma en el bolsillo. Por más que la firma haya sido devaluada con el gesto, no se recomienda tirarla a la basura, porque podría ser usada para otros fines. No se sabe de nadie que haya reciclado una firma, pero uno nunca sabe. No hay un mercado secundario de firmas.
Otro procedimiento podía ser elaborar un documento en que se deja en claro que retira su firma del primer documento. Pero este documento aclaratorio también debe ser firmado. ¿Qué hacer si tu firma ha perdido valor? Quizá habría que ir al notario y decir que, esta vez sí, la firma tiene valor y no será “retirada” posteriormente. El notario podría pedir dos testigos. Muy complicado.
El año pasado fue el viceministro Fabián Yaksic que hizo otra demostración sobre su propia firma. Había acordado con los prefectos, en Cochabamba, que la negociación para el acuerdo de las autonomías habría de durar 30 días. Al día siguiente, este funcionario de origen bosnio aceptó que el vicepresidente Álvaro García Linera reduzca ese plazo a 30 horas. Y no se ruborizó. Había quedado claro que su firma no vale nada.
En el caso de los senadores Peredo y Díaz, personas mayores de edad, bien mayorcitos, con apariencia de serios, el procedimiento parece forzado. Ellos saben que sus firmas tienen un valor. Que por lo menos sirven para representarlos. Es una convención mundial por la cual unos rasgos de puño y letra sobre un papel representan a toda la persona.
El argumento que usaron fue que retiraban su firma porque el documento fue usado políticamente por los opositores, al decir que podía dar pie al juicio de responsabilidades al presidente Morales.
Podían haber optado por retirar sus firmas de otro documento: de su afiliación al MAS. Podían haber alegado que ellos se afiliaron pensando que nadie los humillaría jamás en nombre de ese partido, como lo hizo el vicepresidente Álvaro García Linera, que los recriminó, los retó, los ultrajó y dijo al país que los senadores del MAS son unos tontos que se hicieron engatusar por la oposición. O que se quedaron dormidos.
Retirar una firma no es fácil. Cuando uno se casa también hay una firma de por medio. Para retirar la firma, en este caso, se debe hacer un trámite que se llama divorcio. Es muy complicado porque estás rompiendo un compromiso. Estas borrando con el codo lo que firmaste con la mano.
Es toda una confusión. Lo malo es que, en el fondo, este debate sobre las firmas se refiere a otras firmas. Los decretos de la corrupción fueron firmados por todos los ministros y por el presidente Morales.
Si el trámite de “retirar” una firma es tan fácil, se podría sugerir a todo el gabinete y al propio Presidente, que hagan lo mismo y anuncien que retiran sus firmas de los decretos. Y así sucesivamente. Santos Ramírez podría anunciar que retira sus firmas de los contratos.
¿Y las firmas de los cheques, también se podría retirar?
No, es demasiado complicado. Quizá convenga firmar sólo los documentos con los que uno está de acuerdo.
Firmado: Humberto Vacaflor Ganan.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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