Empresarios del sector industrial dijeron esta semana que el gobierno de Evo Morales les ha quitado el mercado de Estados Unidos y el de la Unión Europea, pero además les ha quitado el mercado boliviano al prolongar las importaciones de ropa usada. ¿Quiere que nos vayamos del país?
El sector petrolero está herido de muerte por falta de inversiones y de mercado. La agroindustria cruceña ha tenido una caída de 51% en sus exportaciones. Y la minería agoniza como consecuencia de la inseguridad jurídica.
Y, claro, cualquiera se pregunta si este descalabro de la economía se debe a los errores del Gobierno. O si todo hay que atribuirlo a que el Ministro de Economía es tan malo como sugiere su apariencia.
En este espacio expuse la sospecha de que el gobierno del MAS se ha propuesto destruir el Estado, pero destruirlo hasta que no quede piedra sobre piedra, como en Cartago o en Troya. No se puede refundar nada bueno si no se ha destruido, hasta el cimiento, la estructura existente, decía mi sospecha.
Pues ahora me entero de que ésa es una propuesta de los fundadores del “instrumento político de los pueblos”. Un texto de uno de los más dignos ideólogos del MAS, Raúl Prada, escrito en septiembre de 2005, propone exactamente eso, la destrucción purificadora antes de proceder a la construcción revolucionaria.
Ese alto pensador del MAS no escribe muy bien que digamos pero se deja entender. Esto escribió Prada el 2005, tal y cual, con errores incluidos:
“Disolver y destruir el estado actual. La revolución consiste en una transformación radical del poder político, solo si disolvemos el estado actual, —aunque no sea todavía el socialismo—, podremos realizar grandes transformaciones, (Una asamblea constituyente que realmente refunde el país, una verdadera nacionalización del gas con gestión comunitaria) la vía electoral es solo un pretexto para impulsar un cambio mas profundo. Trabajamos dentro del estado impulsando transformaciones del estado solo como táctica para avanzar a una revolución que destruya este estado neoliberal. Con este estado neoliberal solo son posibles reformas muy tibias o tal vez ni eso, que hay que empujar pero sin perder el norte. Por eso los planes de gobierno y proyectos para gestionar la crisis permanente de la economía deben ser lo prioritario”.
Por lo tanto, todo lo que está ocurriendo ahora no es un error, como se podría sospechar, sino la aplicación fría y eficiente de un plan que busca destruirlo todo. “The Economist” o “Veja” también lo han observado: dijeron que Bolivia estaba saltando hacia atrás y que es un país que quiere ser primitivo, respectivamente.
Por supuesto, los ideólogos de la revolución del MAS no son originales al proponer la destrucción del Estado, pero hay que admitir que han elegido muy bien a quién debe hacer de destructor. El indio Morales —como a él mismo le gusta definirse— debe ser el que destruya. Luego vendrán los constructores. Han elegido al Atila, y lo han elegido con cuidado. Hay que admitir que él lo hace muy bien. Desde sus gestos, su tensión permanente, su virulencia, su incapacidad de decir nada amable, revelan que su elección como el destructor ha sido un acierto. Los ideólogos se han cuidado: si todo esto falla, los bolivianos sólo culparán al indio destructor.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
Libertad
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