Ha causado sorpresa la carta enviada por el diputado del MAS Julio García al gerente general de la Caja Nacional de Salud, César Ayala, en la que le pide 40 cargos en esa entidad intervenida recientemente por el Ejecutivo.
La versión del Gerente interino es aún más sorprendente porque asegura que a su despacho llegan casi a diario pedidos escritos y verbales para colocar a personas recomendadas, incluso por los propios trabajadores.
Al parecer, los políticos y dirigentes no dejan de lado viejas prácticas y más allá de los discursos aún usan sus influencias para beneficiar a sus seguidores o a sus familiares.
Y no sólo es el ejercicio de estas mañas que afectan su imagen, sino el funcionamiento de entidades como la Caja Nacional de Salud, donde son recurrentes por la atención deficiente o la falta de insumos para atender a quienes pagan mensualmente para gozar de un seguro que no está bien gestionado.
Además el Gobierno, a través del Ministerio de Salud, montó toda una parafernalia para anunciar la intervención a la Caja, como única medida para dar fin con la corrupción denunciada en los últimos años.
Sin embargo, la paradoja la plantea un diputado del propio partido de gobierno, inexplicablemente el honorable Julio García pide 40 cargos para ubicar a igual número de funcionarios.
Es una pena que en tiempos de cambio una entidad tan técnica como la Caja se convierta en una “agencia de empleos”, de aquellas que sirven para pagar favores o para salir de pobres.
Habrá que alentar el deseo del Gerente interino de cumplir con los objetivos de la intervención y, si toca el caso, seleccionar al personal por concurso de méritos y no en respuesta a las presiones, escritas y verbales, a las que hace referencia.