Aquí el único culpable es el Cardenal. ¿Por qué no durmió esa noche en su casa?
Por su culpa se ha tenido que armar un zafarrancho del que no podemos salir. Hasta la ONU está en peligro. El IRA irlandés se ha vuelto a movilizar. La guerra de los Balcanes está a punto de comenzar de nuevo.
Si el Cardenal hubiera hecho lo que tiene que hacer un católico que se respete: dormir en su casa, todo sería más claro. La paz del mundo estaría fuera del alcance de los bolivianos.
Pero, claro, como el vallegrandino no durmió en su casa, hubo que inventar un grupo de terroristas. Y ya sabemos lo que pasa cuando nuestros terroristas se ponen en acción: se mueren.
El presidente Evo Morales tuvo que ir a Cumaná, en ayunas, a leer un texto en voz alta. Los otros presidentes tuvieron que aplaudir, intuyendo el contenido del texto. Lo que tendrían que hacer los dirigentes sindicales de los maestros de Bolivia es emitir un documento para aclarar que la capacidad de lectura de nuestro Presidente no es algo de lo que se los pueda responsabilizar. Tendrían que decir que es cierto, que ellos suelen hacer huelgas, pero no tantas como para que los alumnos terminen siendo tan malos. El pronunciamiento de los maestros tendría que ser leído en tono trotskista, claro, y matizado con algunas formas del verbo aplastar, para mantener el estilo. Algo así como que vamos a aplastar a la oligarquía en las calles y de paso a los alumnos chachones que terminan leyendo tan mal, pero además nos quieren desprestigiar en foros internacionales. Vamos a salir a las calles a aplastar a todos nuestros enemigos, incluso a los encubiertos que quieren atentar contra nuestro prestigio.
Digo yo: ¿no podrá el Presidente contratar a algún profesor cubano que le enseñe a leer? En Nuevos Horizontes, en Tupiza, había un compañero que cuando uno leía mal en voz alta le aconsejaba: tienes que leer los negritos (las letras).
Pero volvamos a nuestros terroristas. ¿Qué hacemos ahora? ¿No podrían organizar las cosas de manera más verosímil?
Los terroristas descubiertos con tanto aspaviento tenían algunas confusiones muy groseras. Alguien les dijo, seguramente en los Balcanes, que su blanco —así es como hay que definir en este caso al presidente Morales— viaja muchas veces a Santa Cruz. Y que el lugar que le encanta visitar es la Expocruz. Un francotirador que deja sus armas en Expocruz y se propone matar a Evo Morales está condenado a esperar por toda la eternidad. Salvo que los terroristas hayan tenido un contrato con salario fijo, por mes. Lo recomendable, en estos casos, sería aplicar el concepto de obra vendida. Llave en mano.
Aquí falla algo. O los terroristas eran muy malos o quienes los inventaron estaban muy apurados, que no pudieron ponerse a pensar en los detalles.
Tienen una obsesión los terroristas, esos que supuestamente se proponen matar al Presidente: todos ellos compran sus armas en los anticuarios. El anterior terrorista, sorprendido cerca de un mercado en Santa Cruz, quería usar un fusil Mauser con una mira telescópica que no encajaba en el caño. Y los de ahora querían usar un M-1, como el que llevaba el Che Guevara en la quebrada del Churo, hace más de 40 años. Es un fusil que trae mala suerte.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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