Nada más elocuente puede ser el titular, cuando faltan horas para que se cumpla el tercer aniversario de la nacionalización de los hidrocarburos, hay algo que está “claro como el agua”, a la luz de los resultados que presenta: es que nadie sabe qué hacer para resolver la difícil situación de YPFB, por lo que se busca afuera una tabla de salvación.
No podía ser de otra manera, el estado de cosas actual es alarmante, por decir lo menos. Es que nada funciona bien y, como en otras situaciones, son las más pesimistas previsiones las que se cumplen y aún ellas quedan cortas frente a la magnitud del descalabro. En ese contexto, después de haber desmentido la supuesta renuncia al cargo, el actual Presidente–Interventor de YPFB ha anunciado una reestructuración total en la principal empresa de nosotros (los bolivianos). Esto significa que por fin, al ser imposible negar la realidad, las autoridades del sector han decidido reconocer que las reiteradas advertencias hechas por expertos en la materia no respondían a perversas maquinaciones de la oposición sino simplemente a una cabal comprensión del problema.
Se ha anunciado que se despolitizará YPFB, como medida emergente para la reestructuración de la empresa, para ponerla en manos de quienes entienden el asunto, que a luces vista, no son quienes hasta ahora tuvieron a su cargo la administración de YPFB, se recurrirá a expertos del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo y también a asesores de Canadá y Holanda. Entre los asesores a los que recurrirá el Gobierno no figuran expertos cubanos ni iraníes, tampoco rusos y mucho menos venezolanos. Eso permite suponer que por fin un asunto tan serio sólo puede estar en manos de entendidos en la materia.
Según el anuncio, el plan de reestructuración se realizará en tres etapas, la primera de las cuales será un diagnóstico integral, luego se elaborará un plan de desarrollo y finalmente, pensando ya en el largo plazo, se diseñará el tipo de empresa, de la nueva empresa YPFB a la que se aspira. Resulta obvio que era por ahí por donde se debió comenzar, pero aunque con tres años de atraso, es alentador saber que por fin se ha decidido introducir un mínimo de seriedad en el manejo de la principal empresa del país. Sin embargo, hay razones que permiten dudar de que el Gobierno esté dispuesto a asumir las recomendaciones que provengan del Banco Mundial y del Bando Interamericano de Desarrollo.
Los males no se limitan a la producción, explotación, etc, etc, sino más bien a la gestión empresarial que se vio perturbada por los hechos de corrupción. Ahora los despidos de más de 400 trabajadores, entre ellos algunos dirigentes sindicales que gozan de fuero, está precipitando movilizaciones y no se descarta una huelga, los dirigentes sindicales de YPFB denuncian que la promesa de obrar con transparencia a la hora de refundar YPFB no se cumple. Bueno, hay un dicho popular “lo último que se pierde es la esperanza”, ojalá Dios ilumine el pensamiento de quienes están ahora a la cabeza de la principal empresa estatal de los bolivianos, que vengan días mejores.
*Álvaro Careaga Vaca Cortez es periodista.
Descolonización sin ropa usada ni chatarra
Al César lo que es del César. Fue una resonante victoria para Evo Morales el haber obtenido, por unánime aprobación de la Asamblea General de la ONU, la adopción del Día de la Madre Tierra, como símbolo de alerta y protección del planeta, ante la alarmante degradación del medio ambiente, causada principalmente por la mano del hombre.
Tentaciones reaccionarias
¿Por qué los populismos tienen esa tentación de convertirse en gobiernos reaccionarios? No lo digo desde la abstracción normativa que las clases medias y sus intelectuales denominan democracia formal y representativa, desde la que siempre gobernaron connivencias liberales y socialdemócratas, para que el poder rinda frutos a determinados intereses.
El castellano entre muletillas y chutos
No soy un purista del idioma que se halla desgarrado entre el cuidado de su patrimonio léxico y sintáctico, construido durante siglos y las innovaciones que introducen nuevos vocablos, giros, algunos felices, otros que suenan mal o que producen enredos semánticos.
Mi reino por un Tamiflú
¿Tanto lío durante miles de años entre religiones, razas, ideologías, territorios y nacionalidades, y resulta que una gripe podría zanjar todos los problemas a la vez, y liquidarnos a todos de un plumazo? Puede ser que nos lo tengamos bien merecido, pero no deja de ser irónico que después de tanto recurso y conocimiento mal orientado y mal utilizado, sea un resfrío el que finalmente nos siente la mano.