El ruido que hace el presidente Evo Morales con su excesiva locuacidad no ha logrado ocultar el hecho de que su gobierno está cambiando, por lo menos en sus actitudes hacia la empresa privada. En este mismo espacio, hace dos años propuse un juego de palabras: “Bolivia cumple, Evo cambia”, que ahora se aprecia mejor.
En medio del alboroto nacional pocos prestan atención a los dirigentes sindicales radicales que están denunciando desde hace varias semanas que el Gobierno está privilegiando a las transnacionales, por lo menos en el sector minero.
Aluden a los contratos con la Jindal Steel & Power de la India para explotar el hierro del Mutún, con la Kores de Corea del Sur para explotar el cobre de Corocoro y el entusiasmo con que mira el Gobierno la perspectiva de entregar la explotación del litio de alguna empresa transnacional, como la Bolloré de Francia. Las denuncias desde la izquierda aluden también a las empresas que tienen a su cargo las minas San Cristóbal, San Bartolomé y San Vicente. O los generosos pagos hechos a las socias de la nacionalizada Transredes, que excedieron sus expectativas.
En estos días, el presidente de Repsol, Antonio Brufau, ha dicho que la empresa espera una “gran rentabilidad” de sus actividades en Bolivia, ahora que acaba de firmar con YPFB un contrato de provisión de gas natural para la exportación. La empresa elevará su producción de dos a 14 millones de metros cúbicos diarios. Quizá tenga que esperar un poco a que se resuelvan los problemas de infraestructura que frenan las exportaciones a Argentina, pero a la larga probablemente reciba sus recompensas. Una empresa que no está muy contenta con sus actividades en Bolivia es Petrobras, ahora a punto de levantar las manos en el pozo que perforaba en el campo Ingre. Ha hecho dos intentos, que le han costado 50 millones de dólares, y nada. A pesar de las quejas de Lula por el mal humor del presidente Morales, Brasil seguirá recibiendo el gas boliviano.
El ministro de Hidrocarburos, Óscar Coca, ha dicho que la explotación del litio de Uyuni deberá estar en manos de una empresa transnacional. Se sabe que el Presidente quiere una distribución de utilidades de 60-40 con la empresa extranjera que se adjudique, pero también se sabe que ninguna de ellas aceptaría semejante propuesta. Y el Gobierno está decidido a ceder.
Ante los ojos atónitos de algunos de sus seguidores, el presidente Morales ordenó a la Corte Nacional Electoral que entregue a una empresa privada el manejo del padrón biométrico. Todavía no ha recibido la mala noticia de que en Brasil ese tipo de padrón será aplicado de manera experimental en tres circunscripciones y que las cotizaciones hechas del equipo son preocupantes: una computadora, un scanner, una cámara fotográfica y un miniestudio fotográfico cuestan 6.750 dólares. Hay 4.500 notarías electorales en Bolivia y para dotarlas de esos equipos se necesitaría más de 30 millones de dólares.
Y así, muchas cosas están cambiando en el Gobierno. Sus ideólogos han hecho saber que ya no quieren expulsar a los “karas” de Bolivia, sino que esperan cogobernar con ellos a partir del 2010. El bando de los “karas” en el Gobierno ha propuesto 60-40.
Dijo Franz Kafka: “Todas las revoluciones se evaporan y sólo dejan, al final, un nuevo limo de burocracia en las oficinas públicas”.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
La justicia desmantelada
Entre los demoledores ataques que el actual Gobierno propina a las instituciones fundamentales del Estado de Derecho, los de mayor gravedad son los dirigidos contra la administración de la justicia.
Himno en el descanso
Ninguno de los grandes equipos de la historia —la selección húngara de 1954, la brasileña del 70, el Madrid de Di Stéfano, el Milan de Sacchi— ha desplegado un fútbol tan brillante como este Barça de Guardiola que hace días logró su primer título
Integración energética
Me disculpo por el título tan poco sexy, pero el tema es caliente. En América del Sur, en los años 90 cuando se hablaba de integración energética, habían dos ejes conductores del debate.
Limpieza del sistema judicial al vacío
El sistema judicial boliviano es una de las instituciones públicas bolivianas más difíciles de transformar y acoplar a los cambios que el país necesita e intenta implementar.
La partida de la escribidora
Por culpa de los antropólogos, la palabra incultura ha desaparecido del vocabulario. En el pasado la noción de cultura se asociaba a un conocimiento elevado —humanístico y científico—, al dominio de las artes, al buen gusto y a una sensibilidad refinada.