Un reconocimiento a las “miles de Sandras” que a diario dan una cachetada a la crisis. La llegada de un familiar músico, desde sur del país, me llevó a conocer un fin de semana una interesante peña ubicada en la calle Colón. Me recogí, junto con unos amigos, alrededor de las 2.00 de la madrugada, bajamos hasta la calle Potosí a tomar un móvil, de pronto apareció uno y paró; fue grande mi sorpresa cuando caigo en cuenta de que era una joven mujer quien conducía el taxi.
Me llamó tanto la atención que no pude aguantar la tentación de hacerle algunas preguntas, las que contestó amablemente; se llama Sandra, es de piel morena y tiene 29 años —debe ser una de las pocas mujeres que desempeña uno de los oficios más peligrosos del país—, es madre soltera y tiene dos retoños (un varón y una mujer), tenía la cara sonriente y una mirada, casi masculina, de una joven mujer estropeada por la vida.
La carrera fue desde la calle Potosí hasta Miraflores. Le pregunté desde cuándo trabaja como taxista y me contestó: “Desde el año 2006 y casi siempre veinticuatreo joven”, ésta última frase se refiere a turnos de 24 horas seguidas de trabajo para descansar otras 24 horas, se pueden imaginar el esfuerzo que significa laburar en ese ritmo.
Pero no podía faltar la pregunta de rigor, si no tuvo contratiempos en estos años de trabajo, dijo que no, ya que es muy cuidadosa y no recoge borrachos, de esa manera evita posibles situaciones de peligro y riesgo.
Un estudio realizado hace un tiempo por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) titulado Trabajo decente y juventud arroja datos poco esperanzadores, indica que de un total de 106 millones de jóvenes en América Latina, 48 millones trabajan y 10 millones están desempleados; a esto se suma la dificultad para encontrar un empleo, sumada a la baja calidad de muchos de los puestos de trabajo disponibles, que generan frustración en gran cantidad de jóvenes que abandonan su búsqueda de trabajo; además dicho estudio destaca que unos 22 millones de jóvenes no estudian ni trabajan y más de 30 millones que trabajan en la informalidad y en condiciones precarias.
Vivimos un contexto mundial complejo, la crisis económica ha llevado a que millones de jóvenes, no sólo pierdan su trabajo, sino pierdan la esperanza de mejores días en un corto plazo.
Actualmente, en Europa la industria de la construcción es una de las más afectadas por la crisis económica, siendo ésta muy apetecible por los jóvenes migrantes latinoamericanos, que bajo la “seudocreencia” del sueño europeo, sin embargo, se encuentran con una realidad radicalmente distinta de la que esperaban.
Hubiese querido que la carrera haya sido más larga para conocer aún más de la vida de una de las mujeres más valientes de este país, no le encuentro otra adjetivo para calificar el esfuerzo de Sandra.
Un reconocimiento a las “miles y miles de Sandras” que no necesitan de marchas, bloqueos y huelgas de hambre para diariamente dar una cachetada a la crisis y a las perspectivas negativas en las que nos encontramos.
*Renzo Ayarde es comunicador .
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