Un profesor español distinguía entre ideas y creencias. Y varios pensadores hicieron lo mismo, utilizando otras palabras, como juicios y prejuicios, o bien, razones y falsas nociones, y así sucesivamente. La antinomia es válida para fines analíticos, porque en la realidad no hay tal distinción; sus fronteras son difusas. Es más, ese antiguo profesor pensaba que las creencias son ideas en las que “estamos”, mientras que las meras ideas son ideas que “tenemos” nomás. La diferencia no es poca cosa, porque las ideas gobiernan nuestros actos con menos eficacia de lo que suponemos en la medida que “somos” creencias o “estamos” en ellas (o en toda la medida de las cosas, si pensamos en una beata o un fundamentalista vegetariano).
¿A qué viene a colación este rollo? Y utilizo palabras que corresponden a épocas de mi abuelita y mi hija para mostrar que con las palabras todo es posible; y que esa capacidad de combinación provoca la sensación de que, al nominarla, podemos controlar la realidad y no es cierto. Pero, tampoco debemos ir al otro extremo de suponer que las palabras son inocentes y no inciden en las cosas. Por ejemplo, mientras escribía estas líneas me llegó el enlace al blog de un amigo (www.agora.com.bo) para enterarnos de una norma (D.S. 0048) que establece el nombre oficial del nuevo Estado: “Estado Plurinacional de Bolivia”, en supuesta concordancia con la fase posconstituyente. Entonces me pregunto, ¿esta es una idea o es una creencia? Porque las ideas son también ocurrencias y, por ahora, no hay datos concretos, léase instituciones, para afirmar que “estamos” en un “estado” plurinacional. Al contrario, son pocas las normas que orientan la reforma estatal en ese sentido. El supuesto carácter “plurinacional” del Estado está en el reconocimiento de “naciones y pueblos indígena originario campesinos” como sujetos con derechos colectivos. También en la nominación de algunas instituciones: Asamblea Legislativa Plurinacional, Órgano Electoral Plurinacional y Tribunal Constitucional Plurinacional, en las cuales se define que algunos de sus miembros deben tener “origen indígena originario campesino” o ser elegidos con “criterio de plurinacionalidad”. Es decir, un simple saludo a la bandera o a la wiphala porque el “origen” y el “criterio” quieren decir poco menos que nada.
Es decir, los efectos institucionales de la plurinacionalidad son leves y en cierta medida se circunscriben al establecimiento de cuotas indígenas de manera variada en las asambleas legislativas departamentales; nada más ni nada menos que en los estatutos autonómicos de la “media luna”, tan vilipendiados por el oficialismo y ahora legalizados por la ley electoral transitoria. En cuanto a la Asamblea Legislativa Plurinacional, la novedad radica en la incorporación de circunscripciones especiales indígenas en una cantidad que no implica dualismo en la representación política, y pretende expresar el carácter “comunitario” de la democracia como muestra de que “somos” un “estado” plurinacional. Esta modalidad de democracia se refiere a “la elección, designación o nominación de autoridades y representantes por normas y procedimientos propios de las naciones y pueblos indígena originario campesinos”, pero solamente tienen vigencia “siempre y cuando el acto electoral no esté sujeto al voto igual, universal, directo, secreto, libre y obligatorio”, es decir, su aplicación está articulada –en una lógica de subordinación– a la democracia representativa. Así que, para qué con tanto brinco, cuando el suelo está parejo.
*Fernando Mayorga es sociólogo.
También es una crisis de DDHH
En septiembre del 2008 asistí a una reunión de la ONU sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, las metas que intentan reducir la pobreza antes del 2015. Se habló de la necesidad de destinar más fondos para erradicar el hambre
Como siempre
Una de las primeras acciones de la revolución nacionalista de 1952 fue clausurar La Razón, “el periódico de la rosca minera”. Sobre sus restos se creó La Nación y los gobiernos de entonces buscaron acallar otros medios, como Presencia.
Gozar del jardín y pisar minas
Gozar de mi jardín a la caída de la tarde tiene sus peligros. A pesar del esfuerzo de tenerlo bien peluqueado, a veces se descuida la desactivación de las minas terrestres de la tortuga Matilda, la perra Pluta y el gato Mandinga.
Tiempo de lobos con piel de oveja
Que organizaciones no gubernamentales, que declaran defender los derechos humanos, hayan encubierto el terrorismo o acciones de desestabilización de una democracia legalmente constituida