El principal mérito de Soderbergh y su elenco es quizá el haber producido dos grandes largometrajes sobre el Che, al margen de los parámetros y condicionamientos hollywoodenses. Hay una aproximación respetuosa hacia el Che histórico sin mayores concesiones al Che mítico. Guerrilla, el segundo de ellos, incluye pocas locaciones del país, la participación de casi una decena de actores nuestros y la colaboración de un joven cineasta boliviano.
Pero, ¿cuál es el enfoque principal de la producción? ¿Predominan las pinceladas biográficas o la re-creación cinematográfica de hechos históricos y de un personaje de carne y hueso?
Documentales acerca del Che se han producido por decenas. Obras literarias, muy pocas. Películas, menos, algunas francamente caricaturescas. A sabiendas de que es muy difícil atrapar en un film la complejidad de los personajes y de los hechos históricos, hay que reconocer que Guerrilla es un producto verosímil, sobrio, con un Che muy bien representado por Benicio del Toro y con notables actuaciones de varios de los bolivianos. Como simple espectador, la obra me parece atractiva, sin duda posee muchos méritos cinematográficos.
Su debilidad está en los aspectos históricos. Guerrilla pretende ser fiel a los hechos, pues, se desenvuelve en base a ciertos días del Diario del Che en Bolivia. Pero está lejos de lograrlo.
La Paz se hubiera reconocido por su soberbio Illimani y sus barrios populares antes que por edificios céntricos que hace 40 años no existían. La Higuera no contaba con caminos carreteros, el jeep de Zenteno Anaya sale sobrando. Éste llegó y se fue en helicóptero luego de dar la orden de eliminar a los prisioneros; al llegar a Vallegrande anunció la muerte del Che sin tener aún la certeza de que sus instrucciones se habían cumplido. Qué mal estudioso de la realidad social sería Debray para decir que los principales centros mineros estaban en Alto Beni. Las penurias de la expedición previa, leyendo el diario, fueron mucho más duras, incluso con dos bolivianos ahogados, de lo que se ve en la película. El Che bautizó a su columna como Ejército de Liberación Nacional, tras el primer combate del 23 de enero, mal podía un guerrillero dar vivas al ELN en esa ocasión. Los lugareños hablan quechua y hasta se oyen frases en aymara, pero no guaraní. Y así otras menudencias por el estilo. Vaya y pase.
Sin embargo, hay aspectos de la lucha guerrillera y de la propia presencia del Che en Bolivia que más de 40 años después no están dilucidados, se prestan a interpretaciones diversas que la película zanja con excesivo simplismo. Monje no pudo amenazar a los guerrilleros comunistas con “cortar el viático” a sus familias, pues, ninguno de ellos era un mercenario. ¿Quiénes colgaban el teléfono a Tania? ¿Honorato Rojas actuó espontáneamente, o fue presionado por los militares incluso con el secuestro de sus familiares? Hernán Plata lloriqueó en su captura, pero Rubén Sánchez, en situación similar, se comportó con dignidad, ¿no era necesario poner a ambos? ¿Ciro Bustos era el malo y Regis Debray el bueno, o pudo haber sido al revés? Sobre Camba y León el Che hizo anotaciones que la realidad desmintió ¿no era mejor averiguarlo? Por qué Willy, el minero boliviano Simeón Cuba, desaparece de la escena en que el Che es capturado? ¿Se puede explicar el fracaso de la tentativa del Che en Bolivia, sólo por una hilvanada cadena de supuestas traiciones?
En definitiva, discrepo con la frase de un crítico citada en uno de los afiches: “se conjuga magistralmente la verdad histórica con electrizante acción y apasionada humanidad”. Se trata nada más, y nada menos, que de una versión fílmica que ojalá estimule los debates pendientes sobre el tema.
*Es el autor de la recopilación documental “El Che en Bolivia”, publicado en La Razón. www.chebolivia.org