Humilde, tímido, menudo, el argentino Leo Messi reserva su expresividad para la cancha. El crack del Barza es el nuevo genio del fútbol.
Texto: John Carlin, de El País para Escape • Foto: AFP
Leo Messi nació en Rosario, Argentina, hace casi 22 años; era muy chiquito de niño, pero marcaba 100 goles por temporada, hoy es el jugador determinante del Barza y de su selección; marca goles que pasarán a la historia; juega con la pelota pegada a los pies...
Los compañeros de Messi en el Barcelona (el mejor Barcelona de todos los tiempos, según Juan de Ramos, entrenador del Real Madrid), lo admiran. Samuel Eto\'o dice que ver a Messi en cancha es como ver ´dibujos animados´ y Thierry Henry confiesa que ´lo que Messi hace en el campo es increíble, debo tener cuidado de no quedarme mirándole”.
Es ovacionado por mucha gente, pero emite una extraña inocencia, como si no acabara de entender por qué alguien querría entrevistarle. ¿Qué le parece aquello que ha dicho Di Stéfano de usted, que es grande porque crea y finaliza? ´Sí, todo es lindo, ¿no?,´ contesta, sin sonreír. ´Sobre todo cuando viene de gente tan ilustre´. ¿Ha tenido compañeros que le han ayudado a mejorar? ´No, la verdad es que no. Mi juego siempre es el mismo´. ¿Hay algún jugador que admira? ´No. Qué se yo... La verdad es que no´. ¿Cuando no juega fútbol, qué le gusta hacer? ´Y..., estar con la familia´. ¿Ve mucho fútbol en televisión?, ´No. No miro fútbol,´ contesta. ¿Ni sus propios goles? ´No. No. Tampoco´. ¿Ni partidos de equipos a los que se va a enfrentar? ´Me gusta, obviamente, entrenar, jugar..., pero no soy de mirar´.
He aquí una pista para descifrar su genio. Leo no mira; actúa.
Pasó sus primeros cuatro años dando puntapiés a un balón hasta que un día la abuela (siempre recuerda a su abuela, muy futbolera ella, fan de Maradona), insistió en que lo dejaran entrar a un equipo infantil de Rosario cuyos jugadores tenían dos años más que él. Se convirtió en el crack de su equipo, llamado Grandoli. Las patadas eran la única forma de pararlo (pero sin maldad, eran chicos) pero él nunca se arrugó.
De Grandoli se fue al gran equipo profesional rosarino, Newell\'s Old Boys, y fue allí donde durante cinco años marcó una media de 100 goles por temporada. Y eso que seguía siendo muy pequeñito. Un médico le diagnosticó un problema de insuficiencia hormonal que le impedía crecer. Le recetó una inyección diaria en la pierna, pero el tratamiento era muy caro. Lo que persuadió a su padre, Jorge, a volar con él a Barcelona el 2000 a ver si el club catalán le contrataba y le pagaba las inyecciones. Tenía 13 años cuando se puso a prueba en el Barza.
Debutó en el primer equipo del Barza contra el Oporto a los 16 años. Luego ganó el Mundial Sub-20 con Argentina, siendo elegido el mejor jugador del torneo. El 2007, tras ganar la Liga española y la de Campeones el 2006, marcó tres goles que lo hicieron saltar a las alturas del Olimpo.
Pasa el tiempo y hace más goles. Esta temporada ha rozado los 40, ocho de ellos en la Liga de Campeones, competición en la que ha sido el principal anotador. En España y en Argentina nadie duda de que es el mejor del mundo. Fuera, hay los que creen que tiene un rival, Cristiano Ronaldo.
Toda valentía depende de un cierto grado de inconsciencia. Por eso, si Messi va a ser tan grande como Pelé o Maradona, tendrá que permanecer dentro de su burbuja, cobijado por su familia, congelado en la niñez, como Peter Pan, sin asimilar del todo el cinismo del mundo. Que siga tímido sin un balón a la vista y elocuente como nadie con él a los pies, dentro del campo, el lugar, como acierta Valdano, ´donde es el rey del mundo´.