Hasta antes de ser formalizada por los folkloristas, la festividad de la Santísima Trinidad, más conocida como la fiesta del Señor Jesús del Gran Poder, era organizada por la Junta de Vecinos, de acuerdo al documento de “ALP-Prefectura. Correspondencia, 1937-1938”, encontrado, transcrito y comentado por Luisa Andrea Cazas, estudiante de la Carrera de Historia, a principios de los años cuarenta del siglo XX, que describe el nutrido programa de ese año que incluía la entrega de calles y avenidas pavimentadas; concursos de “voladores”; carreras de resistencia “hasta El Alto de la ciudad”; distribución de golosinas a los huérfanos de la guerra; retretas y verbenas populares, que culminaban en un “Gran match de Foot Ball” entre los equipos de la Fábrica García y la Fábrica Yarur.
La ciudadanía despertaba cerca a las cuatro de la madrugada para ir al encuentro de las morenadas que iniciaban a esa hora su ingreso a la zona de Chijini, en la tradicional “Diana” del Domingo. Los morenos de entonces, o mucho antes los diablos de Chuchulaya y sicuris, le impregnaron de aquel toque ahora tan enraizado de esta festividad. Según los códigos de aquellos años, se debía ingresar en horas de la madrugada. Nadie bebía cerveza, sino los populares “sucumbés”, “té con tés” o los no menos tradicionales “quema-pechos”.
Los morenos estrenaban “pilchas” y sombreros, y sus esposas (aunque no bailaban hasta entrada la década de los 70) también; lo elegante de aquel entonces consistía en vestir una linda y abrigada manta de vicuña, para bailar al son de la banda de los hermanos Aduviri, Primo Aranda y Abdón Lequipe, junto a la Pagador y la “Interprovincial” Poopó de Oruro.
Toros, mariposas, osos y gorilas encabezaban las tropas de los morenos; y no faltaban unas extrañas figuras con rasgos femeninos un poco forzados, que más tarde me enteré que se trataba de “travestís”, que para aquel entonces se constituían en una suerte de amuletos de la buena suerte. La danza del momento eran los caporales. “No es una, no es una vergüenza, tomando cerveza con tanta pobreza”, canturreaban en tono irónico, pero pegajoso, Los Payas, junto a Los Chascas y Los Caballeros del Folklore.
No menos popular era la kullawada, de moda entre los jóvenes, que influenciados por los “hippies”, no dudaban en sacudir sus melenas. Eran los “Rebeldes”, extraños de pelo largo, que llevaban en sus sombreros y camisas las figuras de Sandro, Camilo Sesto o del Che, recién convertido en héroe; mostrando que las modas siempre influyeron en la fiesta. Quién no recuerda al popular Luis Carrión, con sus pantalones de anchos botapiés, cantando: Elizabeth, Elizabeth.
Conjuntos de waca tokh’oris, sicuris y ch’utas. Sí, los “Ch’utas del Interior” eran los que encabezaban la Entrada zonal; los varones llevaban camisas blancas, pantalones negros y abarcas, al margen de la característica máscara de malla milimétrica y ruidosas campanillas en la mano; y las mujeres vestían complicados sombreros, adornados con platería, blusas blancas y polleras multicolores.
Era el Gran Poder donde los más pequeños perseguían a los morenos para cortarles las hileras de perlas que colgaban de su pollerín y que pasada la fraternidad hacían de las suyas recogiendo la mixtura que regaban a su paso. Y el Gran Poder del fervor de los mayores, que al día siguiente de la Entrada acompañaban con recogimiento a la Imagen del Señor de los Tres Rostros entre arcos de aguayos con platería y fuerte olor a incienso.
Fue hasta 1974, un 12 de mayo, que se organiza la “Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder” encabezada por Lucio Chuquimia, Natalio Tintaya, Carlos Suárez y Luis Calderón, entre otros, que un año después logran que esta fiesta popular ingrese al centro paceño. Y los recuerdos fluyen y nos damos cuenta de que las modas e influencias siguen gravitando; que muchas personalidades forjadoras de esta Entrada ya no están y, sin embargo, la fuerza de la religiosidad que infunde nuestro Señor Jesús del Gran Poder no ha cambiado desde entonces y más bien crece cada año.
La Res Pública
“Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano…” reza el preámbulo de la Constitución.
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“Aritméticamente y matemáticamente Evo Morales es derrotable, se le puede ganar en las elecciones”, afirmó Víctor Hugo Cárdenas asegurando que el apoyo del 53% obtenido por Morales en las anteriores elecciones se redujo a un 30 y 40%. ¿Aventurera? ¿Mediática? ¿Realista, la opinión de la ex autoridad?
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Los casos Rózsa
No se trata de una duplicidad, no tiene nada que ver con relativizar los hechos, no tiene la intención de anular las responsabilidades emergentes de un caso, a partir de las responsabilidades emergentes del otro.