La palabra Ichuri (llevar, en aymara) resume el objetivo de esta fundación paceña que, desde el 17 de septiembre del 2008, ofrece protección, ayuda, apoyo, afecto y bienestar a los niños dentro el núcleo familiar, así lo indicó el director de la entidad, Carlos Esteban Huanca Rodríguez.
La Fundación Ichuri diferencia su trabajo de las otras organizaciones no gubernamentales al focalizar su labor en la prevención, es decir, evita que niños y adolescentes sufran de violencia en su hogar o escuela y que luego lleguen a la calle. En cambio, las otras instituciones apoyan a los menores cuando éstos ya sufrieron agresiones y no tienen hogar.
“La iniciativa nació como un sueño de fe y esperanza, de hacer algo por los niños. Por ello, en tiempo récord hicimos los trámites, se firmó el acuerdo con la Subalcaldía de Cotahuma y desde el 13 de marzo empezamos a trabajar. Aquí, además de enseñarles a recibir y dar buen trato, se les brinda atención pedagógica, estudio psicológico, atención dental, asesoría jurídica, trabajo social y actividades lúdicas recreativas”, manifestó Huanca.
Hay 30 niños que aguardan ser admitidos en la Fundación, que quieren sumarse a los actuales 40. Sin embargo, la demanda no sólo es de vecinos de la zona, otras urbanizaciones pobres de la ciudad de La Paz también solicitaron que la entidad se instale en sus barrios, pero la falta de presupuesto y financiamiento no permite que amplíen sus “horizontes”, reconoce el impulsor de la obra social.
En Cotahuma están en el umbral para consolidar el proyecto de comunidad productiva, que tiene dos ejes. El primero, dará apoyo terapéutico a los jóvenes en situación de riesgo y, el segundo, les capacitará en la elaboración de productos que les permita autosostenerse. “Serán 10 los que se capaciten en el día, 20 por las noches y otros 20 los fines de semana”, dijo el director.
Los 10 profesionales que trabajan en la Fundación lo hacen “por corazón”, dice; no reciben apoyo financiero de entidad extranjera o boliviana. El material de escritorio y las cuentas por los servicios básicos son pagados con las rifas, cenas o kermeses que realizan en fechas especiales o por los padrinos que nombran.
La entidad tiene psicólogos, trabajadores sociales, abogado, pedagoga, profesores, nutricionista y un dentista que atiende a los niños gratis, y a la comunidad le cobra sólo por el material que usa.