“Siempre me encantó bailar llamerada. Son 17 años que participo en la fraternidad San Andrés. En principio, yo era la que bailaba esta danza, luego me acompañó mi pareja”, cuenta Irene Villa, bailarina.
Ella dice que transcurrieron más de 12 años para que su esposo, Jaime, cambie de opinión y se anime a ingresar al grupo. “Cada vez que íbamos a los ensayos, le insistía para que baile conmigo en la entrada del Gran Poder, pero él no accedía”, manifiesta Villa.
El tiempo transcurrió y Jaime se animó a ingresar a la Llamerada San Andrés. “Tomé esta decisión porque quería acompañar a mi esposa en cada entrada, no sólo podía estar observando sentado de palco”, sonriente y alegre comenta Jaime Pérez.
“Pienso que fue la mejor decisión de participar, para mí sobre todo; juntos compartimos muchas anécdotas, sobre todo cuando ensayamos”, manifiesta Villa.
“Lo lindo de la entrada del Gran Poder es la alegría de compartir con los amigos, conocer otras personas y disfrutar de cada experiencia”, sostiene Villa.
Por su parte, Pérez cuenta que los primeros días que ensayó fueron difíciles para él. “No podía aprender los nuevos pasos, ensayaba en casa con mi esposa, trataba de que juntos coordinemos, pero era peor, aprendía mejor en los ensayos, creo que era más serio. Me distraigo y la paso muy bien junto a mi pareja”.
La pareja Pérez lleva cuatro años siendo parte de la Llamerada San Andrés. “No cambiaría de opinión sobre dejar de bailar, desde el primer día que decidí ingresar para acompañar a mi esposa recibí el apoyo total y único de mis hijos, dice Pérez.
Sergio y Diego son los nombres de los hijos de Jaime e Irene, ellos estudian en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Jaime cuenta que horas antes de llevarse a cabo la entrada, Sergio, su hijo mayor, siempre prepara la cámara fotográfica, “él ya tiene todo listo, sabe que nada fallará”.
Diego no queda atrás, alista los insumos necesarios, entre ellos el refresco para saciar la sed, y el botiquín de auxilio en caso de alguna emergencia.
“Nuestros hijos nos acompañan y tratamos de que esta festividad sea familiar y que nos una más que nunca, no descartamos de que en algún momento sigan nuestros pasos y se decidan a bailar”, cuenta Pérez.
Al respecto, el presidente de la Llamerada San Andrés, Ángel Tarifa, explica que esta danza se constituye en un espacio de diversión y de amistad. “Es un proyecto de vida cuyo motor principal es el profundo amor al folklore boliviano”.