Siguiendo la pista a los hilos de nuestras almas, ajayus y espectros, Salvador Romero Pittari publicó recientemente El nacimiento del intelectual, que describe la génesis de las corrientes de pensamiento en el país durante las dos primeras décadas del siglo XX. El texto muestra el proceso del nacimiento del intelectual en Bolivia, estableciendo el origen del apelativo en Europa y su aplicación y reconocimiento en la sociedad boliviana. En anexo se entregan extractos del diario del escritor Alcides Arguedas. Comentaré cuatro aspectos del texto especialmente sugerentes.
El primero es el que sigue la pista a las corrientes de pensamiento a través, aunque no únicamente, de varias novelas escritas prácticamente “al voltear el siglo XX” como lo fueron: Vida Criolla (Arguedas), En las tierras del Potosí (Mendoza), Celeste, La Candidatura de Rojas, La casa solariega y la Virgen del lago (Chirveches), El Cholo Portales (Finot). El Dr. Romero aclara que “La ventaja de tomar como ejemplos para meterse en la realidad a personajes de ficción es que su vida revela con nitidez aspectos que en los hombres de carne y hueso se encuentran o muy desperdigados o son muy difíciles de aprehender en las conductas, recubiertas por la armadura de las ideologías y por la pretensión de racionalidad y coherencia que todos afirman en su actuar. Son pues caricaturas que con algunos rasgos marcados descubren el físico y hasta el alma del modelo”. A partir de esa opción de método, conduce amablemente a las y los lectores a través de un entretejido de sociología y literatura.
El libro también podría llamarse Entre dos derrotas. Buena parte de los intelectuales cuya obra se trata nacieron alrededor de los años del conflicto bélico con Chile y estuvieron activos hasta los años inmediatamente anteriores a la contienda del Chaco con Paraguay. Puede decirse, por ello, que se trata de al menos dos generaciones marcadas por la derrota y la pérdida.
Un tercer aspecto muy provocador se refiere a la concepción relacional con que el sociólogo Romero Pittari enfoca su trabajo. Define intelectual como un “neologismo usado para referirse a un grupo de personas que ejercieron un magisterio moral y gozaron de una autoridad en la sociedad, que no iba en todos los casos sin contestación y que en Bolivia además participaron activamente en los partidos políticos. El escrito fue su bandera de lucha, la política el instrumento de su praxis renovadora”. Desde esa perspectiva muestra las relaciones de los intelectuales bolivianos con sus alter ego europeos y de otros países latinoamericanos y, relación fundamental, con el público que los leía, como con el que no lo hacía. Destaca un factor que no por fundamental es obvio: obra y pasión se plantean y estimulan como un acto básico de comunicación humana.
Finalmente, el libro muestra varias aristas del debate sobre el mestizaje, “equiparado en forma gruesa al cholaje, (que) se refería principalmente a los recién llegados, que pateaban (...) las puertas con pugnacidad, sin reparar en la decencia y el decoro. Pero, por otro lado, descubría que ese estamento social ya se encontraba tiempo ha bien instalado en toda la gama de ocupaciones, en especial en la actividad pública y había penetrado, por la vía del matrimonio, una de las barreras más firmes de las sociedades estamentales y de clase”.
Dicen que cada libro es un escenario y un código que construyen a dúo su autor y cada lector o lectora. Ojalá este breve comentario motive muchos de esos dúos.
*Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.
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