Desde la Colonia, pasando por la República hasta llegar al siglo XX, el repositorio de la UMSA posee documentos y legajos públicos de hace 451 años. Estas joyas departamentales peligran.
Texto: Jorge Quispe • Fotos: Ángel Illanes
En 558 metros cuadrados se resguardan 451 años de las memorias de La Paz. Allí, escondidos en documentos, está el inventario de los bienes del capitán español Pedro Cerón de 1558, la historia de una esclava vendida en 1781, el registro de la audacia de un grupo de indios que burlaron el cerco de Túpac Katari, el detalle del sueldo que unos patriotas recibieron tras la revuelta de 1809 y las confesiones del indígena Pablo Zárate “el temible” Willca, de 1905.
Con más relatos por descubrir, tres mil metros lineales de documentos atesoran los recuerdos paceños, amontonados en el edificio de la Facultad de Humanidades de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) en la avenida 6 de Agosto. “Sin esta documentación difícilmente se podrá contar la historia de nuestra sociedad; por eso son valiosos: porque mantienen viva la memoria del departamento”, expone Rossana Barragán Romano, directora del Archivo de La Paz (AHLP).
Allí está toda la información de entidades públicas y hasta de fábricas como Forno —continúa— que ayudará a esbozar una imagen de la añeja sociedad paceña.
Como muestra, Barragán Romano exhibe la colección de fotografías de la Guerra del Chaco que donó la familia del ex presidente José Luis Tejada Sorzano y los primeros legajos sobre límites territoriales de las 20 provincias: sólo dos de la muchas joyas.
Pese a su importancia, el repositorio está en peligro. La falta de espacio en su edificio amenaza la documentación que, en nuestros días, es cada vez más escasa ya que las entidades públicas prefieren destruirla o venderla.
Por eso, el ALP lleva adelante una campaña ante las autoridades departamentales denominada: “200 años libres y 500 años de documentos en peligro de perderse”, con el fin de obtener apoyo para preservar la memoria.
El capitán y la esclava
Entre seis mil folios coloniales, uno se destaca entre todos. La documentación de 303 hojas, hoy restauradas, data del 1 de mayo de 1558 y es la más antigua.
El manuscrito en papel trapo —un material común en el siglo XVI— y con tinta ferrogálica, una combinación de hierro y nuez, es un inventario sobre las propiedades del capitán español Pedro Cerón que vivía en la Ciudad de Nuestra Señora de La Paz que entonces formaba parte del Virreinato del Perú. Es la reliquia más añeja en el ALP y aunque aún no fue digitalizada, pronto estará a disposición del público al igual que los otros legajos del siglo XVI.
En el Archivo, hasta el momento 517 libros institucionales del siglo XIX fueron computarizados y pueden ser consultados en CD.
No menos importante es la historia de una transacción sobre la venta de una esclava que ocurrió un 3 de marzo de 1781. Aquel día y ante el escribano se presentó Manuela González, la dueña de la cautiva Bernarda Aguirre. “La cual por justos motivos ha decidido venderla a doña Rosa de Cervantes”, reza parte del texto del documento del siglo XVIII.
Por los escritos que posee el Archivo, su directora considera que sería más fácil elaborar la historia de La Paz durante la Colonia y la República, que efectuar otra sobre este departamento en el siglo XX; hoy, es enorme la cantidad de información que va al basurero. “Si en el siglo XIX las tropas quemaban documentos para hacer fogatas, hoy, cada día se queman o venden para convertirlos en papel higiénico”.
Audacia en pleno cerco
Durante el encierro de 1781 a La Paz, un grupo de indígenas burló a las tropas del líder de la rebelión Túpac Katari. Aquel momento está registrado en un documento que la historiadora María Eugenia del Valle de Siles compiló. “Lograron algunos indios amigos introducir víveres a La Paz. Si esto es así puedo esperar a socorrerla y combatir a los rebeldes antes que consigan su fin. Por algunos indios se sabe también que aunque los barrios de aquella ciudad han sido poseídos de ellos. El centro de ella no ha experimentado quebranto o asalto alguno”, sostiene el anónimo cronista en el legajo que data de 1781.
Del Valle de Siles entregó al ALP una copia del escrito que es uno de los más requeridos por los investigadores de los levantamientos indígenas previos a 1809.
Murillo, el comandante
Ocho días después de la revuelta paceña del 16 de julio de 1809, Pedro Domingo Murillo, el líder de la Revolución, fungía como militar. Eso se desprende de un escrito de ese año firmado por el mismo patriota y que habla de un desembolso a los rebeldes.
“Cuatro mil pesos entregados al señor comandante militar don Pedro Domingo Murillo para sueldos de la tropa que se halla sobre las armas acuartelada cuya consignación se efectúa a consecuencia de su oficio”, evidencia la amarillenta hoja de papel trapo fechada en 24 de julio de 1809.
Murillo pagó así a los miembros de la tropa que una semana antes se levantaron en armas ante los españoles. “Gran parte de estos libros reales fueron quemados, pero tenemos éste que fue salvado y restaurado en Sucre. Debemos agradecer, además, que la temperatura en La Paz permite preservarlos a diferencia de otras ciudades”, señala la directora.
Ese es otro de los tesoros que resguarda el ALP desde 1971; año en que el repositorio fue inaugurado por Alberto Crespo en la UMSA partiendo con la base de los documentos de la Corte Superior de Distrito, que estaban a punto de ser destruidos.
Hoy, en el archivo no cabe un folio más; pese a ello, el edificio recibió el año pasado una colección de periódicos y en la última semana de mayo, una decena de sacos con documentos del Servicio Nacional de Propiedad Intelectual (Senapi). Para esa papelería, se dispuso un espacio entre los estantes de la hemeroteca y la mapoteca —una colección de cuatro mil mapas— pero no se sabe si alcanzará.
Dependiente de la UMSA, el Archivo recibe apoyo estudiantil de la carrera de Historia y todavía espera ayuda de la Prefectura, la Alcaldía o el Poder Ejecutivo. “Nos dijeron que la Corte Superior de Distrito quiso enviar sus documentos al Archivo de Sucre y eso no puede pasar porque todo ese material corresponde a La Paz, por eso debemos tener mayor infraestructura”, protesta la directora al momento de mostrar unos escritos de 1905.
Aquel año se realizó el Proceso de Mohosa, un juicio a esa comunidad de la provincia de In- quisivi, donde en 1899 fueron masacrados soldados liberales en el marco de la Guerra Federal. El legajo contiene las declaraciones del líder indígena Pablo Zárate Willca y sus hermanos que luego fueron sentenciados. Este informe está digitalizado y el público puede acudir al material.
Aún no pasa lo mismo con los expedientes coloniales del capitán Cerón, la historia de la esclava, el registro de la audacia de los indios que burlaron el cerco o el detalle del sueldo de los patriotas; sin embargo, basta una carta al ALP, que explique el motivo del estudio, para acceder a ellos.
MÁS JOYAS
La colección del Presidente. El ALP atesora un álbum de fotos sobre la Guerra del Chaco —titulado “Alto Mando en Momentos de Fuego”— que perteneció al ex presidente José Luis Tejada Sorzano.
120 mil fotografías. En el ALP también existe una colección de cerca de 120 mil fotografías desde principios de siglo. Estudiantes de Historia realizan la catalogación y digitalización de cada una de ellas.
La confesión de Katari. El juicio que se le siguió al líder indígena Túpac Katari, tras el cerco de 1781, está en la colección que la historiadora María Eugenia del Valle de Siles dejó al Archivo paceño.