Llegan de las provincias y se movilizan desde todas las zonas de La Paz. El 6 de cada mes, los rentistas reciben el pago a sus esperanzas.
Texto: Jorge Quispe • Fotos: David Gutiérrez
El 6 de cada mes no es una fecha más para Antonia Limachi Quispe. Un día antes, llega a la ciudad de La Paz desde su natal Santiago de Oje, a orillas del lago Titicaca. Una vez en la sede de gobierno, la anciana de 90 años se levanta a las 5.30, desayuna y saca su mejor aguayo para lucirlo esa mañana.
En la zona Sur, las hermanas Cárdenas —María Luisa (80) y Ana (75)— se despiertan a las 6.30, se ponen lindas y salen juntas de su casa para ser las primeras en la fila instalada en la calle Hugo Estrada, sobre la Guerrilleros Lanza, en Miraflores. Allí está una de las dos sucursales del Banco Unión, que paga durante dos jornadas a al menos 3.000 jubilados de todo el departamento.
“El 6 es el día más importante del mes para nosotros; por eso algunos, incluso, salen del banco alegres y silbando. Es como si volviéramos a ser jóvenes”, expone Domingo Yujra Alanoca (69).
A su lado, el ex profesor Máximo Forra Llanque (73) comparte un secreto. “¿Sabe, joven? Estoy con dieta blanca, pero hoy día me voy a servir un lechoncito”.
Las Cárdenas en acción
El reloj marca las 9.30. Tres policías cuidan a los rentistas en la puerta del banco y un uniformado ayuda a subir los escalones a un anciano. A dos metros, un taxi espera parqueado la mínima señal de algún pasajero para trasladarlo a su domicilio. Enfrente, una ambulancia de Bomberos aguarda para prestar la atención médica ante cualquier eventualidad.
Más de una vez se reportaron desmayos por insolación, pero esta mañana está fría y un viento gélido acaricia las mejillas de los rentistas y, entre ellos, a un par de señoras abrigadas con elegantes abrigos plomos.
A diferencia de su hermana, Ana —o Anita— Cárdenas es un poco reservada. No le gustan las cámaras fotográficas y prefiere que hable María Luisa, mientras ambas hacen fila en las puertas del banco en Miraflores.
“Algunas veces, Anita viene a las 6.00 para cobrar a las 9.00, pero ahora vinimos juntas”, explica la ex profesora, que lleva al menos unos 45 minutos en la cola junto a su hermana menor.
— “¡Es mentira. No es mi hermana; de otra hermana debe estar hablando esta señora!”, suelta Anita con picardía.
— “¡Ja, ja, ja, mire a ver la ocurrencia de mi hermanita!”, responde María Luisa.
La fila avanza y las Cárdenas ingresan a la entidad financiera. “A muchos dicen que les han robado su rentita, pero a mí nunca me ha pasado nada. Es que yo les digo a los que rondan: ‘¡Qué te pasa oye!’ y ahí los paro”, cuenta la dama con voz autoritaria.
Después de cobrar su renta, las hermanas volverán a su casa en la zona Sur para almorzar con sus nietos. “A ellos les regalo 30 bolivianos para sus libros. ¡Pobrecitos! No les alcanza”, formula María Luisa, que ya eligió un ají de panza para el mediodía.
“Se me antoja un lechoncito”
Máximo Forra Llanque perdió la vista a principios de mayo. Unos días después sufrió una caída, por eso ahora llegó con su esposa María Angélica Mancilla para cobrar su renta mensual como ex docente del magisterio.
En su juventud, él fue un activo dirigente sindical y uno de los fundadores de la Confederación de Artesanos de Bolivia. Como maestro de Música y Filosofía, enseñó en los colegios Bolívar, Busch y Topáter, entre otros. “Después de cobrar mi dinero nos reuniremos con nuestros 11 hijos y los 21 nietos para cocinar algo rico, aunque a esta hora (son casi las 10.30) se me antoja un lechoncito”, evidencia el ex profesor detrás de unas gafas negras y un bastón en la mano derecha.
Media hora después, y pese a su prescripción de dieta blanca, los esposos Forra no pueden resistirse ante el humeante lechón que se ofrece tentador en uno de los tres puestos instalados en la curva norte del estadio Hernando Siles. El manjar cuesta 13 bolivianos y el pollo asado, 10.
Máximo y María Angélica terminan la mañana con un paseo por los puestos aledaños al banco donde se puede encontrar una amplia oferta de artículos que van desde ropa para muñecas, botas, termos, medias panty, ají colorado, hasta charque de llama.
Las 120 vendedoras forman parte de la Asociación Hugo Estrada-Estadio Siles, una entidad con 20 años de tradición. “Nosotras conocemos casi de memoria a nuestros caseritos que vienen felices a comprarnos, porque en muchos casos éste quizá sea el único día que pueden salir a la calle: Por eso siempre estamos pidiendo mayor presencia de guardias, para que los puedan ayudar incluso a pasar la calle y también para que los cuiden de los delincuentes que no faltan”, sugiere Nora Rodríguez Choque, dirigente del sector gremial.
Con dos décadas vendiendo a jubilados, Nora recomienda a los rentistas siempre acudir al cobro acompañados por sus familiares, porque “más de uno puede caer en el ‘cuento del tío’”. El engaño toma diversas formas y uno de los más famosos es aquel en el que una persona deja caer una billetera delante de su potencial víctima, quien recoge la prenda, va tras de la persona que supuestamente la perdió y en ese intento es sorprendido por otros dos sujetos listos para asaltarlo.
Rodríguez Choque cuenta que en más de una ocasión pidió ayuda a los policías del Banco Unión, que están a unos 20 metros de sus puestos, no siempre con suerte. “Hay ladrones bien vestidos que están en las esquinas y operan entre tres o cuatro, de ésos tienen que cuidarse”, remata.
La compañía divina
Domingo Yujra Alanoca todavía añora aquellas tardes en las canchas de Munaypata y Kilómetro 7, donde jugaba hasta tres partidos de fútbol por día. Ahora disfruta de sus hijos y nietos, y cuando debe cobrar su renta, el ex trabajador de la Cooperativa de Teléfonos (Cotel) no acude solo a las oficinas del banco.
“Vengo con Jesús, Él siempre me acompaña, por eso hasta ahora, y gracias a Dios, nunca me ha pasado nada. Además, Él no viene solo, le siguen sus ángeles”, desliza el vecino de la zona de La Portada, a 15 minutos de la ciudad de El Alto. Yujra Alanoca es miembro de la Congregación Nazareno y, junto a su esposa Raymunda Tarqui, asiste todos los domingos a esta iglesia.
Después de cobrar su dinero, Domingo se dirigirá hasta la zona del Cementerio General para comprar dos sábalos. “Los asaremos a la leña junto a unos ricos chuños y su limoncito”, explica el jubilado que en septiembre próximo cumplirá 70 años.
Dos horas más tarde, Antonia Limachi Quispe irá con su hija Graciela hasta el mercado Rodríguez para comprar con algo de su renta 30 bolsitas de ají molido. El condimento viajará con ella hasta el pueblo Santiago de Oje, a orillas del lago Titicaca, donde la jubilada lo ofrecerá en su pequeño puesto en la plaza. Después volverá la espera de 30 días para regresar a La Paz, la fecha más importante en el calendario de los jubilados: el Día de la Renta.
DATOS
Seguro Social Obligatorio. En este sistema, el número de jubilados alcanza a las 9.547 personas.
Los primeros días. Desde el 6 de cada mes hasta el 9, cobran los ex trabajadores del magisterio, luego el resto de ex empleados de la administración pública.
En Bolivia. Las trabajadoras pueden jubilarse luego de cumplir sus 55 años y los trabajadores a partir de sus 60 años.