La vida transcurría felizmente para mí, en la apacible flojedad de mis últimos tiempos, hasta que una aguijoneadora voz retumbó en la pantalla. “No sean flojos”, arengó por el Facebook el periodista y amigo Pablo Ortiz, punzando a que leyésemos un reportaje de El País de Madrid. Pero su frase no era gratuita: El momento crucial, de John Carlin, llena ocho páginas de Word en letra de 12 puntos; toda una trasgresión al hábito de la lectura de una información tipo, que no suele tomar más de dos minutos. Nada importaba. El “flojos” de Pablo me resonó como si lo hubiese puesto entre signos de admiración. Pronto me reconocí en sus palabras y, para llevarle la contraria, destrozada ya mi paz de día hábil, decidí hospedarme en el descomedido momento fabricado en España por un londinense.
¿Qué dice Carlin? Primero, que desde la injerencia de la internet en el imperio del periodismo hay incertidumbre y confusión. En EEUU, cita él, la media diaria de ejemplares de periódicos vendidos bajó de 62 millones a 49 millones en los últimos 15 años. Unos cien diarios se han visto obligados a dejar de imprimir en papel y, en el mismo periodo, el número de lectores de periodismo digital subió de cero a 75 millones en ese país. Todo lo dice Carlin, que anduvo rebuscando fuentes mientras yo descansaba plácidamente hasta que la pantalla despertó con la candorosa invitación de Pablo.
El momento crucial contiene a personajes que manejan grandes (pero grandes) medios escritos en el mundo y que son contrapuestos con iconoclastas representantes del universo digital. Según Carlin hay tres corrientes, donde los “blogueros” (elegante yerro, seguro estoy, para evitar el bestial “weberos”) comparten con los “rockeros” (o gustosos de ensuciarse los dedos con la ceniza del arcaico diario) y con los de “mentes abiertas (o confusas)”. Entre éstos apuesta que estaría Charles Dickens, para lo cual se apoya en un pasaje de la novela Historia de dos ciudades. Gajes del oficio. Del oficio bien practicado.
Se los cuento por si les da flojera pinchar en www.elpais.com y buscar la nota de marras, digna de ser leída, pero con los ojos abiertos porque lo contrario sería soñarlo y no está bien que uno se forme ideas con pensamientos difusos, y menos dejarse llevar por cuentos. ¡Bah!, hagan lo que les plazca… mientras los Pablos se los permitan.
¿Adónde va Carlin? A muchos lados y a ninguno. Como todos los no apasionados de su reportaje, no sabe cómo harán los impresos para que su negocio continúe siendo rentable y, así, sobrevivir a la era digital. Este punto engrosa el nudo de su texto, que no obstante rebosa de subtemas igualmente apasionantes. Al menos, para mí.
La conclusión de Carlin, en cierto modo, consuela, pero en nuestro medio no debería tranquilizar demasiado: “Los buenos (periódicos y periodistas) sobrevivirán”. Entonces repone a Benjamín Lana, para quien, entre tanta información, “la pregunta sigue siendo la de siempre: ¿qué tiene usted que contar?’. Y si tiene cosas valiosas de contar, se le leerá”. Prevalecerán, finalmente, la calidad y la creatividad de los “grandes contadores de historias”. Emotiva defensa a los que se reinventan en cada golpe de teclado.
Pablo, leí. No he sido flojo. Ahora, dejame seguir siendo feliz.
Huso horario de invierno
Uno de los efectos más perceptibles del proceso de cambio climático en el mundo es la polarización de las temperaturas. Los veranos son cada vez más calurosos y los inviernos son cada vez más fríos. En verano, los días son más largos y en invierno la oscuridad se hace más dilatada.
15 años de participación popular
Sin lugar a dudas, 1994 marcó un punto de inflexión para la gestión pública descentralizada, expresado de manera sustancial en la impronta de la participación popular y la consecuente redefinición de las formas tradicionales de concepción del ciclo de las políticas públicas en el país; institucionalizando, de manera definitiva