Yo he salido de la cárcel de adentro para entrar a la cárcel de afuera”. Sencillo y directo, Pedro Cajías de la Vega da su testimonio de vida y es registrado en el premiado documental La Chirola, de Diego Mondaca, que se exhibe en la Cinemateca.
La ciudad de La Paz —sus laderas, los pocos bosques que aún guarda— son el escenario del relato vivencial de un ex recluso. Cajías entró a San Pedro por actividades guerrilleras y allí, en “la chirola”, pasó 12 años “protegido”. Sus penas y sus alegrías son las que deshoja frente a la cámara.
Pero la obra es más que una entrevista. Mondaca, el director, crea un ambiente cómplice y cabal, lleno de imágenes sugerentes que se exaltan con el blanco y negro, y una fotografía de primer nivel.
Hoy se abusa, creo, del adjetivo “poético”; sin embargo, a este corto —en el que fondo y forma se unen en metáforas, nunca lastimeras, más bien valientes— sólo puede llamársele “poético”. El resto lo hace la reflexión del protagonista, profunda por sencilla, sobre la libertad y la sensibilidad respetuosa de un buen director.