Ximena Zuazo, una mujer que se abre paso en la ciudad La Universidad Privada San Francisco de Asís cuenta, gracias a su empeño y al de sus compañeros, con rampas de acceso para personas con discapacidad. La Paz es, sin embargo, un lugar difícil de transitar.
RUMBO AL AULA • Ximena ingresa a la universidad por una rampa, construida gracias a una campaña que ella encabezó.
Ximena Zuazo no puede caminar, pero es capaz de mover cimientos. Tampoco habla con claridad, pero convence a cualquiera. Pequeñita, como es, su espíritu es el de un gigante.
A los cuatro años, Ximena sufrió de encefalitis equina, una infección que se transmite por las heces de los caballos y que afecta el sistema nervioso central.
El transtorno derivó, en el caso de la joven, en cuadraplegia. Hoy, no tiene movilidad en sus piernas, pero sí logra usar los brazos.
La imposibilidad de movilizarse por sí sola no iba a ser un obstáculo en su deseo de vivir. De manera que no sólo terminó sus estudios colegiales, sino que hizo la carrera de Literatura, con especialidad en letras británicas en Estados Unidos, a donde sus padres la llevaron para que recibiese el tratamiento médico.
Cuando decidió retornar a su país, luego de estar fuera 22 años, ella tenía 26. “Mucha gente me pregunta por qué volví, cuando en Estados Unidos la vida para un discapacitado es mucho más fácil. Pero, la verdad es que quería regresar al lugar donde están mis raíces”, se explica con firmeza.
Si bien el retorno la enfrentó a un paisaje que se le hizo familiar, pese al poco tiempo que tuvo para disfrutarlo siendo niña, el choque lo sufrió al encontrarse en medio de una urbe carente de infraestructura para personas como ella. Las gradas en plazas, calles e instituciones públicas y privadas se convirtieron en barreras para Ximena.
La joven decidió estudiar una nueva carrera: Psicología, y eligió la Universidad San Francisco de Asís, cuyas instalaciones se encuentran en la plaza Abaroa. Las clases no iban a ser un problema para el cerebro ágil y deseoso de saber, pero llegar al aula era un suplicio: ni las aceras de la zona de Sopocachi ni el edifico de la universidad contaban con rampas de acceso.
“Era difícil estudiar así porque tenía que pedirles a mis compañeros que me carguen y lo hacían con esfuerzo, pues la silla de ruedas es bastante pesada. Tardaba mucho tiempo en entrar”.
La fuerza de voluntad de la joven fue estimulada. Se puso en campaña para que la directiva de la universidad coloque una rampa de acceso. Sus compañeros de estudio la apoyaron. “Tuve que insistir mucho para que me coloquen esa rampa. Y por fin lo hicieron. Así que es mucho más fácil para mí ir a estudiar”.
En pocos meses más, Ximena defenderá su tesis que versará sobre “La inclusión de los discapacitados en la Universidad San Francisco de Asís”.
Su anhelo es trabajar luego en una institución de apoyo para personas con diferencias psicomotrices. “Todos debemos entender que el ser discapacitado no es una condena, sino una forma de vida. Y la vida es linda”.
La Paz es, aún, una cuesta arriba para gente como Ximena Zuazo, hoy una mujer de 34 años. “Cuesta mucho movilizarse en esta ciudad, y mucho más para quienes utilizamos silla de ruedas”, reclama.
Lo mismo sienten Noemí, Paola y Jorge, escolares que acuden a una unidad educativa en la zona de Obrajes. La escuela fiscal Luxemburgo tiene el privilegio de contar con estos tres valientes niños que estudian y juegan con el mismo entusiasmo que sus compañeros. En vista de lo difícil que era para su padres llevarlos hasta el aula, y en cumplimiento de principios urbanos para este tipo de ciudadanos, la Defensoría de la Niñez, la Subalcaldía Sur, el Instituto de Rehabilitación Infantil (IRI) y la dirección de la unidad educativa determinaron construir dos plataformas de acceso. Noemí y Paola cursan el primero de primaria y Jorge está en quinto grado.
“Es muy lindo y conmovedor ver cómo sus compañeros los cuidan y los ayudan a cruzar por las rampas”, comenta la directora de la escuela, Isabel Cusi.
A pesar de que La Paz es el centro comercial e industrial de mayor actividad del país, la infraestructura es muy limitada para responder a los derechos de los discapacitados. Entre casi 4.200 centros educativos —escuelas, colegios y universidades—, cuesta encontrar rampas de acceso y menos otras facilidades, por ejemplo en los servicios sanitarios.
La Organización de Naciones Unidas (ONU), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de Estados Americanos (OEA) han promovido convenios y declaraciones sobre las necesidades de las personas con discapacidad. Bolivia suscribió esos acuerdos.
OTROS EMPRENDIMIENTOS
Nuevos proyectos • Las universidades Univalle y Uni Franz también instalarán rampas para discapacitados. Además de las facultades de Arquitectura y Agronomía de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).
Transporte • Otra dificultad por la que atraviesan las personas con discapacidad es el rechazo de los transportistas de llevarlos, por el hecho de que usan sillas de ruedas.
Estatal • La Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) no cuenta con infraestructura adecuada para estudiantes con discapacidad física. Cecilia Tamayo vivió este problema durante cinco años en la carrera de Psicología.
Atención • En intersecciones como la avenida 16 de Julio y la calle Campero, los accesos para silla de ruedas no tienen mantenimiento ni de entidades privadas ni de la Alcaldía paceña.